Theatre des Vampires

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 Pasillos

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†Scary Manson†

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MensajeTema: Re: Pasillos   Jue Ago 14, 2008 3:47 pm

Scary continuó con sus movimientos en torno al sexo del otro, introduciéndolo tan hondamente como podía en su boca, acompañando con suspiros los fuertes jadeos de placer de Ángel, los cuales escuchaba con una pequeña sonrisa, casi malvada.

Como quien se toma la venganza de torturar a alguien cubriéndole de mimos y llenándole de placeres.

Hasta que lo había perdido, no se había dado cuenta Scary de cuantísimo necesitaba a la persona que tenía bajo su cuerpo, unas pocas horas habían bastado para que ya matase y casi perdiese la cabeza ante la ausencia de Ángel, hasta que se habían encontrado de nuevo, hasta que Scary había vuelto a recuperar la cordura y la tranquilidad que solo hallaba entre sus brazos.

Usando la fuerza de sus mandíbulas, el asesino masticaba entre lametones y caricias con sus colmillos el sexo del otro, masajeándolo por todas las zonas, recubriéndolo y volviendo a sacarlo, para volver a esconderlo después entre sus labios tras tomar aire. Todo cuanto oían eran gritos y cuanto sentía palpitaciones del cuerpo que estaba bajo él y del miembro del otro en su boca, sensaciones que solo excitaban más a Scary, haciendo que se moviese casi frenético no solo con su boca, sino también con sus caricias y pequeños arañazos a sus piernas, como los de un gato travieso y juguetón.

Ángel se inclinó sobre él, sintiendo el gótico en su espalda el calor del cuerpo del otro con una nueva e intensa oleada de placer y excitación, que hizo que Scary jadease elevando su espalda para sentir mejor al rubio contra su cuerpo mientras continuaba paladeando el cuerpo del otro con su lengua. Soltando una de las manos que acariciaban sus muslos, entrelazó su mano blanca y afilada con la de Ángel, estrechándola y acariciándola con fuerza.

Volvió a sonreír al sentir las manos de Ángel clavarse en su carne, cortándole ligeramente la respiración pero aún así inspirando él con fuerza para que sintiese esa parte del cuerpo totalmente. De repente comenzó a descender, dejando cinco perfectas garras rojas grabadas en su piel, Scary abrió la boca rugiendo suavemente al sentir ese nimio dolor en su cuerpo, nada comparado con todo cuanto estaba experimentando en ese momento.

Las caricias del rubio pronto acudieron a mitigar el cosquilleo de los arañazos, arrancándole a Scary ronroneos tenues y jadeantes de fiera domada bajo las manos de su amo, retorciendo su torso para poder disfrutar por todo su cuerpo cuantas caricias pudiese darle el otro. El beso en la mejilla no pudo hacer menos que hacerle sonreír abiertamente, dejando al descubierto sus dientes de tiburón perfectamente alineados y aserrados, con una cara inocente de placer inmenso, el placer inmenso que solamente los besos de su ángel le producían, ya fuesen profundos y apasionados, o ligeros y tranquilos como el que acababa de recibir.

Él había continuado ensalivando y mordisqueando su sexo con expresión felina cuando de repente sintió las manos del otro tomarle del rostro fuertemente, sellándose a sus labios en un beso deseoso e intenso, mucho mas ardiente que el que acababa de notar. Scary se entregó al beso haciéndolo aún más grande, atravesando los labios del rubio con su lengua y lamiendo la garganta con ansia y entre gemidos ahogados contra sus labios.

A mitad de beso abrió los ojos para cruzarse con los de Ángel, lanzándole una mirada cómplice llena de amor, una que explicase que solo existían ellos dos en el mundo, ellos dos y los sentimientos que el uno despertaba en el otro, que ese era todo el mundo que ellos necesitaban para poder vivir, y que nada más importaba.

-Yo también a ti...-respondió con sus ojos sobre los de Ángel, acariciando con delicadeza la mano del rubio sobre su pecho, que elevaba y descendía a causa de la agitada respiración.

Tras chocar ligeramente su frente con la del rubio, Scary procedió de nuevo a seguir volviendo loco de goce a Ángel usando su boca, agachando de nuevo su cuerpo algo molesto por haber dejado de sentir el calor del rubio invadiendo su piel pero aún así lleno de energía. Comenzó a masturbar el sexo del otro con mucha más fiereza, ya casi haciendo una presión peligrosa sobre él, atravesándolo tan profundo que casi le dolía y encerrándolo entre sus mandíbulas para someterlo, ya en el interior de su boca, a feroces caricias y masajes con su lengua.

Los aullidos que hubiese proferido Ángel hasta ese momento quedaron reducidos a nada comparados con el fuerte grito de placer que estalló en su boca, al mismo tiempo que Scary sentía como abrasaba e invadía su garganta. El gótico no hizo nada más que relamer con calma el sexo del otro, limpiándolo con el mismo cariño con el que había hecho a Ángel estallar de excitacion, sintiendo como las respiraciones de ambos se iban calmando, y los latidos acompasándose de nuevo como dos pequeños que hubiesen estado jugando demasiado tiempo, y necesitasen descansar juntos.

Pero el gótico no, él quería seguir jugando con su ángel, él tenía ganas de más, de más diversión, de más caricias, de más Ángel. Lentamente comenzó a moverse, desnudo de cintura para arriba, y se tendió sobre el rubio dejando su rostro a la altura del estómago, donde empezó a besar haciendo que su sexo rozase contra su vientre.

-A media noche... en el mes de junio... permanezco de pie bajo la mística luna...-comenzó a recitar con voz tenue y suave mientras ascendía sintiendo la caricia del cuerpo del otro en su torso al ir subiendo, sintiéndose casi ardiendo pero aún así sin parar de besar su estómago y de arañarlo ansioso con sus dientes-...Un vapor de opio...como de rocío, tenue... se desprende de su dorado halo... Parecido a Leteo... Amor...Silencioso viento de muerte...Acuciante ala de vida...-se estiró totalmente sobre él, moviéndose con clara intención en su cuerpo hasta estar ambos cara a cara.

Scary tomó en sus manos el rostro de Ángel, acariciando al otro con sinuosos movimientos de su estómago.

-...El romero cabecea sobre la tumba... abrazando la niebla en...-miró hacia arriba un momento, encerrando la lengua entre sus dientes con expresión desconcertada-...¿entre sus brazos?...-sacudió la cabeza-...no me acuerdo...-se lanzó a los labios de Ángel sin contener su deseo ni un minuto más, atrapando la lengua del rubio y llevándosela a sus labios para mordisquearla y jugar con ella a su antojo, para poder llenar de deseo una vez más a su guardián y poder disfrutarlo con toda la pasión del mundo.

Las manos atravesaron suelo y piel para aferrarse a su espalda, pegándole más contra su cuerpo entre suspiros y jadeos deseosos que quedaban entrecortados por su beso. Se despegó, haciendo presión con su rodilla en la entrepierna del otro, aún jugando a hacerle sentir pequeños calambres de placer.

-Así que te has colado en un psiquiátrico...-olisqueó el pecho del otro, dejando después un pequeño mordisco-...has hecho sangrar a alguien...-comenzó a lamerlo con lascivia, saboreando la piel-...todo por mí... has debido usar mi moto... y has llevado mi cuchillo... vaya, parece que por un periodo de tiempo hayas sido yo mismo...-se elevó sobre él pegando su torso al de Ángel y volviendo a besarle. Mientras, engarrando sus dedos, clavó las manos a ambos lados de la cabeza del rubio, abriendo diez grandes arañazos en el suelo con un chirrido, como símbolo del intensísimo y ardiente deseo que estaba sintiendo en ese mismo momento.

Capturó sus manos con las suyas propias y las arqueó sobre la cabeza de Ángel, quedando ahora el uno sobre el otro, ambos con los brazos entrelazados por encima de la cabeza-...¿Qué se siente viviendo esta clase de aventuras?...-le preguntó con voz lírica mientras le acariciaba la mejilla con los labios.

La vida de Scary siempre había estado repleta de aventuras, algunas más siniestras, otras mas misteriosas, incluso alguna llena de intriga y misterio, aunque la mayoría siempre terminasen en un baño de sangre. Pero sentía que ahora ese espíritu y destino aventurero se había transmitido también a su ángel, como si toda la vida el uno junto al otro fuese una especie de emocionante odisea.

Una que no permitiría que terminase nunca.

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Ángel G. Evans

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MensajeTema: Re: Pasillos   Sáb Ago 23, 2008 8:28 pm

Cada vez creía que era más estúpido el decirle lo que sentía, que lo quería o que lo amaba. De tan evidente que creía que era, sobraba decirlo. Al igual que tampoco hacía falta que se lo dijese él, pues ya ambos se habían encargado de grabarlo a fuego en la mente del otro.

Pero aún así sentía la necesidad de volver a oírlo, de empaparse de su voz y disfrutar de ella tanto como lo hacía de sus besos o de cada caricia que Scary le diese. Y, de igual manera, necesitaba decírselo a él, por muy estúpido e innecesario que fuese repetirlo.

Dejó que lo tumbase en el suelo, abrazándolo con fuerza y mirándolo desde ahí. Una sonrisa que iba en aumento a cada beso del otro adornaba su rostro mientras lo escuchaba recitar. De vez en cuando se removía con suavidad o sacudía tenuemente su cuerpo, mordiéndose el labio, habiéndole hecho cosquillas.

Sin perderse una palabra de las que el gótico le dedicaba, se abrazó más fuerte a él una vez estuvo por completo pegado a todo su cuerpo, sintiendo las caricias que le hacía en el resto de su cuerpo, mirando fijamente a los ojos que tenía frente a él.

Frunció el ceño, mirando extrañado la mueca de Scary, que era algo que pocas veces había llegado a ver. Ladeó la cabeza, seguro que si hubiese sido con su hermana habría sabido terminar la poesía, o su padre, o simplemente de haberse podido interesar un poco más por esa clase de literatu…

Cerró los ojos, con una enorme sonrisa, dejándose besar y siguiéndolo con ansia, incrementando el deseo de ese beso, perdiendo sus dedos entre el pelo negro de Scary, enredándolos y acariciando su cabeza. Mientras lo besaba, inconscientemente, encerraba el cuerpo del gótico con más fuerza entre sus extremidades, sabiendo que en una de esas, después de haberse demostrado cuanto se querían o cuanto disfrutaban el uno del cuerpo del otro, se lo habían llevado.

Y jamás lo permitiría, como tampoco había dejado la primera vez.

Poco a poco se fue separando de sus labios, mirándolo deseoso, sintiendo las caricias que Scary ejecutaba a mala conciencia para hacerle sufrir el placer que tan solo un cuerpo podía darle.

-Me encanta cuando recitas –le susurró incluso algo atropelladamente antes de fundirse en un nuevo y pasional beso con él. Y era lo cierto. Scary tenía una voz que, a pesar de ser ronca y oscura, llegaba a ser suave, con una entonación perfecta para la poesía, sabiendo dar el énfasis o la melancolía que hacía falta en cada tramo de la misma.

Arqueó la espalda, hasta entonces anclada en el suelo, buscando el sentir los dientes del gótico de nuevo clavarse en su pecho, deseoso de volver a sentir esos pequeños calambres de placer que le daba.

-Me he colado en el psiquiátrico –repitió a la vez que Scary lo decía-, he hecho sangrar a alguien… -sonrió. Claro que era por él, y volvería a hacerlo todas las veces que hiciesen falta mientras siguiese con él –He usado tu moto… he llevado tu cuchillo… Sí, y aún así todo lo que he hecho… -dijo, recordando al vigilante muerto, al cocinero y el espía heridos, la cámara reventada en los aires y la agobiante sensación por los conductos del aire.

Le cogió el rostro con ambas manos, sujetándolo a escasos centímetros de su boca, mirándolo deseoso -… Me parece un precio ridículamente pequeño a pagar para volver a estar junto a ti.

Volvieron a fundirse en un nuevo beso, acariciando Ángel el cuello de Scary con lentitud, internándose entre su pelo cuando fue el otro el que le agarró ambas manos, entrelazándolas con fuerza y dejándolas caer por encima de su cabeza. Comenzó a devorarle la boca con más ansia, con más ganas, como si de veras se lo fuese a comer y no tuviese intención de dejar ni un mísero cacho.

Entrecerró los ojos, dibujando una pequeña sonrisa mientras sentía los labios del gótico acariciar su mejilla. –Ansia por verte…

Fue lo único que respondió. Así que, la próxima, la experimentarían los dos juntos. Suspiró, apretando un poco más sus manos entrelazadas a las suyas, incluso queriendo sentirlo más cerca.

Frunció el ceño, se acababa de dar cuenta de que no estaba abrazado a él, y de que ahora corría el riesgo de que se lo volviesen a llevar, de dejarlo encerrado nuevamente experimentando con él lo que solo Dios sabía sin que Ángel pudiese volver a tocarlo ni a escucharlo. - … ¿Y si nos vamos a casa?
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†Scary Manson†

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MensajeTema: Re: Pasillos   Sáb Ago 23, 2008 11:14 pm

Scary se dejó atenazar por el abrazo de Ángel, devolviéndole el beso con el doble de pasión con el que lo recibía, saciando el deseo acumulado durante ese corto periodo de tiempo en el que tanto había sufrido. Ya no necesitaba más palabras, todo estaba dicho con cada gesto y con cada mirada, ya no era ni un secreto ni algo que ocultar, cualquiera que les viese podría descubrir al segundo que se amaban mas de lo que nadie podría amarse nunca.

Y muy probablemente, pensó el asesino, todos esos desearían algo así para ellos mismos.

Pero el Señor había querido que esa bendición cayese sobre una de las personas mas sangrientas y más inesperadas para el amor, pero a su vez tal vez la única persona que sabría aprovecharlo, y más importante aún, devolverlo con la misma intensidad, cariño y, dicho sea de paso, con la misma fogosidad. Fue escuchando, beso a beso, todo cuanto Ángel iba diciendo con gesto casi devoto, como si la voz del rubio fuese otra caricia u otro beso mas junto con las de las manos y los labios.

-No me gusta... la sangre y los huesos déjamelos a mi... tú mantente a salvo... yo te mantendré siempre lejos de esas cosas...-dijo ladeando la cabeza y pegando su cuello a los labios de Ángel, buscando sus mordiscos y besos con el deseo marcando su rostro-...Con una mano usaré el puñal, y con la otra te protegeré a ti... es lo que hacen lo ángeles ¿No? protegerse entre ellos...-sonrió débilmente, llegándole hondo el elogio del rubio en cuanto a su capacidad para recitar-...¿Te gusta?... Lo aprendí yo solo... siempre sin inspiración, siempre sin nada que me aliente... hasta ahora...-admitió clavando su mirada granate en los ojos verdes de Ángel, no pudiéndose contener ni un segundo más y volviendo a saborear sus labios, lamiendo esos colmillos que él mismo había creado y sintiendo una fuerte oleada de orgullo por ello, mientras palpaba aquellas afiladas armas con la lengua.

Sin dejar de besarse ambos, Scary se puso a maquinar su siguiente paso junto a Ángel. Irse ahora, en paz y abanderando el amor y la calma como si fuese un valor suyo era algo totalmente Anti-Manson, acababan de arrancarle de los brazos de su ángel, algo que le había causado el suficiente dolor como para acabar desgarrando la vida de dos personas. ¿Suficiente para calmar su ansia de revancha? En absoluto, Scary sabía quien movía sus dedos y tiraba de los hilos de todo aquello que se había sucedido desde su captura en Le Parc Mercure.

Y sin duda alguna, ese hombre estaba en esas instalaciones.

-Hay algo que tengo que hacer antes, mi ángel...-susurró a su oreja, dándole un pequeño mordisco al lóbulo y comenzando a levantarse con el otro entre sus brazos, sin soltar ni aflojar la presión en torno a su cintura.

A medida que iba alzándose y sintiéndose de pie, el asesino más notaba arder el deseo de devorarle allí mismo, de olvidarse de todo aquello que estuviese fuera de la piel de ambos, ya fuese un psiquiátrico o ciento y un loqueros de uniforme negro.

Al levantarse por completo, suspirando agitadamente, le estampó contra la pared acorralándole y aplastándole contra ella, queriendo sentir la presión que se ejercían ambos.

Rodeándole entre sus brazos se unió a él en otro nuevo y tórrido beso, respirando con fuerza y llenando el interior del otro con su aliento. Se separó, debía mantener la cabeza fría, aunque bien mirado, un asesinato pre-meditado llevado a cabo aún saboreando de los besos y apasionadas muestras de amor de Ángel se convertía en algo bastante interesante, una nueva emoción.

Matar a alguien que te ha separado de la persona que más amas, aún llevando en los labios el sabor de esta.

-Vamos, tal vez lo correcto sea darte una explicación de todo esto...-dijo, entrelazando su mano blanca y de afiladas garras con la de Ángel, comenzó a caminar al mismo ritmo que él, con calma y con la frente bien alta. Oteando todo el pasillo con la mirada tranquiliza y el gesto sosegado. Y esperando con todas sus fuerzas que, después de todo aquello, la persona de quien se había enamorado no le tildase de loco, al menos no en exceso.

-Víctor James Saddler... Ese es el nombre de uno de los hombres mas viciosos y perversos a los que les haya dado por pisar la faz de la tierra... El es el que me ha traído aquí, por decirlo de alguna forma, es la cabeza de todo aquello que me convirtió en lo que soy...-comenzó a decir, acariciando distraídamente la mano de Ángel con el pulgar mientras hablaba torciendo ligeramente la cabeza-...En el pasado, Saddler se las ingenió para infiltrarse en los laboratorios que me trataron, echando del puesto de Médico Jefe a mi anterior terapeuta y poniéndose él... ¿Por qué? Es más que obvio... era un obseso de la perfección humana, un gran lector de Niezstche, como no podía ser de otra forma, otro perturbado, como yo... Durante unos años, estuvo reclutando y secuestrando a diversas personas a lo ancho y largo del mundo... unas... quinientas personas... a las que sometió a estudio y experimentación, buscando en ellos un resquicio de "anormalidad" que explotar-

-De quinientos, solo sobrevivimos 3, yo y dos compañeros míos... Nosotros tres fuimos nombrados "Seres Perfectos", siendo yo el que mejores resultados dio... por eso, yo aquí, lejos de tener un nombre, soy simplemente el Espécimen Perfecto 001...-

Dobló una esquina, guiándose por los carteles que iban indicando, colgando de las paredes que iban marcando el camino hacia el despacho del Director. Carteles que para Scary, iban guiando paso a paso el sendero que llevaba hacia su presa.

-Antes me has dicho que te gusta como recito... ¿Quieres que te dedique algún poema?... Puedo improvisarlo, si quieres...-propuso. Y sin esperar respuesta, la dote artista y poeta que Scary solo dejaba salir ante las personas que más merecían su confianza se puso a funcionar.

Soltó la mano de Ángel, recuperándola con la otra y rodeando los hombros del rubio con el brazo recién liberado, pegándole más a si mismo y apoyando la cabeza en su hombro mientras caminaban.

Tomó aire.

-Libra el vuelo... Ángel de oro... sobre aquellos iguales que son de piedra...-comenzó a decir, evadiéndose de todo cuanto hubiese en torno a él. Solamente centrándose en el pulso de Ángel. Scary casi podía sentir la vida del rubio a través de su ropa y de su piel, vida que el gótico transformaba en poesía solamente pensando en él, en todo lo que habían pasado, y en todo cuanto tenían por pasar.

-Alza tus alas... y sobre la tierra derrama el brillo que parta la niebla... Busca entre las sombras, sombras del pasado, restos del dolor... Y de entre ellos extrae todo aquello que me fue arrebatado, a todos aquellos que entre agonías se perdieron...-terminó, pensativo y dejando que su melancólica voz poeta se desvaneciese en el aire unos segundos.

Más inspirado que nunca, volvió a rozar el cuello de Ángel con sus labios, impregnándolo de su aliento hasta volver a besarlo de nuevo en un suave y juguetón mordisco, tan cariñoso como deseoso de más.

Sin soltarle del abrazo, continuó hablando.

-Si tuviese que definir a Saddler de alguna forma, diría que es un gran científico, ni más, ni menos... Y como a todos los grandes, a este hombre también le pierde el poder... Vino a mi en una de mis sesiones psicológicas ofreciéndome una cura, una salida de todo aquel martirio que además me reportaría un gran poder... algo que él llamaba "La Perfección"...-dijo, recordando la codicia en los ojos de Saddler en el momento en el que se lo propuso-... Yo no acepté, en ese momento prefería morirme, así de sencillo, había cometido un crímen bastante grave...-se giró a Ángel, percatandose de que quizás el otro esperase un relato de lo ocurrido-...Tal vez en otra ocasión...-atajó con picardía-...Pero por alguna razón, Víctor decidió no dejarme en paz, por que alegó haber visto "algo en mi". Pese a mi negativa, sustituyó los informes originales por los de su "Proyecto Perfecto"...condenándome a él... y mientras Saddler siga campando a su anchas, yo no podré estar tranquilo nunca-concluyó, hartándose de estar hablando de ese hombre y distrayendo así su recital.

Carraspeó.

-Por donde iba...-farfulló, sumergiendo su rostro en el cabello de Ángel, oliéndolo y besándolo-...Observa la Luna... hermanos de plata parpadeando en las nubes, brindando espadas al caballero alado, quien mostrando su espalda...-tomó aire, dando un sonoro y lento beso entre el pelo sin parar de caminar-...recibe la orden del Héroe del Cielo, el Ángel dorado. Libra el vuelo rasgando la noche, levanta centelleando sobre todos aquellos que son piedra...-dejo que su voz se apagase de nuevo.

Paró sus pasos, con lo que el eco de los mismos dejó de escucharse.

Esta vez con suavidad, posó a Ángel contra una pared, apoyándose el gotico sobre su cuerpo con todo su peso y casi sintiendo el palpitar del corazón del otro contra el suyo. Entre besos en el cuello y caricias por debajo de su camiseta rota, con las que cubría con sus manos todo el torso del otro, prosiguió, ahora ya totalmente concentrado.

-Con la mirada de quien al poder desafía, mi corazón aún está ardiendo...-rugió salvaje pero casi inaudible una voz desde el cuello de Ángel, donde el gótico ocupaba su boca entre besos y lametones en el hombro-...Mis armas siguen vivas, mis alas cubiertas de frío y pena... alas de almas... Miles de mantos invisibles, bruma flotando sobre mis tumbas olvidadas... Almas caídas en desgracia, almas que renacen de la tierra... que aún en mis recuerdos habitan... oyendo sus voces en los místicos vientos...-

Sintiéndose cada vez más encendido y más excitado, acabó por casi arrastrar a Ángel hacia arriba por la pared, oprimiéndole con el vientre contra la superficie. Subió las manos desde sus caderas hasta su espalda, casi clavando las uñas en los hombros y pegándole hacia sí con tanta fuerza que sus brazos temblaban ligeramente, sujetando algo por cuya posesión y felicidad lucharía hasta el final.

Acercó los labios a Ángel, quedando ambos rozándose, pero los ojos se mantuvieron fijos en los de el destinatario de aquella extraña poesía que estaba naciendo de una inspiración que Scary creía perdida.

-Reluce piel de oro mi Ángel de metal...-dijo acariciando los labios del rubio con cada palabra-...posa los pies sobre la tierra ardiendo... tierra de quien nos... n... de qui...-no soportó más el estar sintiendo la suavidad de la boca del otro contra la suya y no aprovecharla.

Parando durante un momento el recital y todos sus pensamientos con él, sacudió el cuerpo de Ángel contra la pared besándole con furia y doblando su cabeza con el gesto. Invadió la boca del rubio con pasión, suspirando por la nariz y elevando la otra mano por su nuca hasta enredarla en su pelo.

Se separó lo justo para poder seguir hablando y besando al mismo tiempo.

Tragó saliva-...Tierra de quien nos ha abandonado... de quien no nos escuchó rezar... A quien tú ahora, pacto con el ángel más oscuro, diriges tu más negra venganza... Cumple tu trato más osado... Entre tinieblas, brilla eternamente, mi ángel dorado...-susurró, y su voz, envolvente y evocadora en cuanto a lírica se trataba, se deshizo en un macabro eco.

Se quedó unos segundos allí, respirando agitadamente, sintiendo a su vez la respiración de Ángel contra su propio pecho, notando sus labios rozarse con los propios y con la mirada clavada el uno en el otro. Verificando Scary que sin duda aquel recital sacado de la manga cual conejo de la chistera había sido el momento más excitante que hubiese tenido con Ángel desde que le conocía.

O al menos, Scary así lo había sentido.

-Eres la primera persona a quien dedico un poema inventado por mi mismo... he leído y he escrito miles de poesías, a sentimientos, a objetos, a lugares... pero esta es solo para tí-dijo mostrando su feroz sonrisa, avergonzándose un poco y pensando que tal vez Ángel merecía algo mejor.

Pero en ese momento había dicho lo que se había formado en su mente recordando escenas y momentos pasados con el hombre al que amaba, así que tampoco se pararía a pensar en ello-...Vamos Ángel... estoy deseando terminar lo que tengo que hacer y estar a solas contigo...-jadeó roncamente acariciando la mejilla de Ángel con los colmillos.

Volvió a entrelazar la mano con él y prosiguió andando, sabiendo que Víctor estaba cerca, pero tan tranquilo. Como un viejo amigo que va a buscar a otro a una cafetería cualquiera, dispuesto a charlar sobre sucesos y batallas del pasado.

-Oh, tal vez ya lo sepas, pero voy a matarle...-dijo con gesto circunstancial, como si estuviese hablando de cualquier vanalidad más que obvia-...Nos ha separado, por eso no voy a darle el privilegio de una muerte rápida ¿Sabes? Si le hubiese visto por la calle, le habría quitado la vida de forma sencilla... Pero ya que él ha decidido torturarme alejandome de ti, devolvámosle el favor... ¿No te parece?... además, sería mucho papeleo si sobreviviese, y esas cosas... En cuanto termine, podremos irnos a casa, allí te demostraré que matar no es la única forma que conozco para hacerte ver cuanto te quiero...y cuanto te deseo...-concluyó hablándole a su cuello con un aire seductor extrañamente teñido de oscuridad, dando los últimos pasos hacia la puerta de hierro negro coronada por un plateado XIII.

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Ángel G. Evans

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MensajeTema: Re: Pasillos   Jue Sep 04, 2008 1:13 pm

Le tomó el rostro con ambas manos, atrayéndolo al suyo hasta que estuvieron completamente unidos, rozándose con los labios –Pero yo quiero que nos vayamos ya a casa –gimoteó con voz infantil, como si se tratase de un niño al que le niegan un caramelo.

Lo miró unos segundos más, con el ceño fruncido y aún la infantil mueca en el rostro, hasta que sintió como Scary lo levantaba junto a su propio cuerpo.

A medida que se iban alzado ambos, Ángel aprovechó para terminar de subir y abrocharse los pantalones, recordando con una pequeña sonrisa todo lo ocurrido minutos atrás. Ya daba igual donde fuese: en el tejado de su mansión, entre los árboles, sobre unos columpios o en un psiquiátrico. Cualquier lugar sería apropiado para los amantes.

Volvió a levantar la vista para clavarla en los ojos de Scary, comenzando ya a rodear su cintura cuando se sintió golpear contra algo duro, sin tiempo siquiera para poder enfocar la mirada y saber contra qué se había dado, pues el gótico se había vuelto a abalanzar a por su boca, haciendo que Ángel perdiese cualquier otro pensamiento que no fuese el devolverle el beso con el mismo deseo.

Como dos piezas de un enorme puzzle que tan solo encajasen la una con la otra, y con nadie más. Que no hubiese otra manera de unirlas que no fuese entre ellas, y, que por muy forzadas que estuviesen a juntarse con otras, no solo resistirían, sino que se opondrían y lucharían como acababan de hacerlo para volver a poder encajar en aquel dichoso puzzle de piezas de todos los tipos en el que vivían.

Llevó sus brazos hasta detrás de su cuello, pegándose más a él, sintiéndose acorralado entre la pared y el cuerpo que le enloquecía.

Se separaron, entrelazando sus dedos de buena gana a la mano que le tendían, echando a andar. Asintió, le encantaría saber la razón por la cual Scary creía más importante terminar de hacer “algo” a marcharse junto a él de vuelta a casa, donde podrían sentarse tranquilos… observar la noche parisina… descansar… escucharlo al piano… ir al observatorio un rato… o simplemente quedarse en la cama.

Conforme iba pensando aumentaban las ganas de retener a Scary ahí mismo y de coger y darse media vuelta. Lo cierto es que no desconfiaba en que si Ángel hacia ademán de irse, el gótico lo seguiría. Igual que pasaría si fuese el otro el que amenazase con marcharse, el rubio lo seguiría hasta el fin del mundo.

Pero él andaba decidido, con el semblante serio y relatándole la historia de aquel Saddler. De vez en cuando, Ángel lo miraba de reojo, desechando, poco a poco, la idea de obligarle a marcharse. Aquello parecía importante para él, y si lo era, no sería Ángel el que le obligase a no hacerlo.

Evidentemente, no sabía de qué se trataba.

Abrió mucho los ojos cuando dio la cifra exacta de todos los hombres y mujeres caídos en el despiadado experimento. No sabía ni qué decir, ¿daba gracias por que el hombre al que amaba fuese uno de los poquísimos que sobrevivieron? ¿Maldecía el nombre de aquel que se hacía llamar Doctor?

Entonces recordó la cicatriz que Scary tenía en la espalda. Siguiendo sus pasos, sin saber a donde le dirigían (una idea se hacía), quiso preguntarle acerca de sus otros compañeros y, sobre todo, qué les hacían.

Pero, casi como un alivio para Ángel, cambió de tema, aprovechando aquel giro inesperado en la conversación para dejarse abrazar de buena gana, escuchando la voz de Scary casi con devoción mientras recitaba, y, aún así, preguntándose qué clase de horrible tortura se habría visto capaz de sufrir su perfecto ángel antes de estar junto a él.

Con una sonrisa, irguió la pose, como si quisiese parecer más digno y de porte orgulloso ante las palabras que le dedicaba el otro. Casi, como si las estuviese luciendo.

Ladeó la cabeza con los ojos cerrados y una tonta sonrisa dibujada en el rostro, sintiendo los labios y dientes de Scary volver a probar su cuello, despertando de nuevo su deseo al darle aquel pequeño mordisco.

Volvió a cambiar de tema… para mal, obviamente. –Pero no paaaares –refunfuñó, rogando con la mirada que siguiese diciéndole cuanto le amaba en lírica. Y, de nuevo siendo evidente y obvio a simple vista, hubiese preferido que no se lo dedicase en medio de aquel psiquiátrico, buscando vete tú a saber qué.

Pero, y eso lo sabía Ángel de sobra, cualquier lugar en el que estuviese con Scary, sería el mejor del mundo.

Lo distrajo de sus pensamientos el oír que Scary hubo cometido “un crimen bastante grave”. Cuando ya estaba abriendo la boca para preguntar, el otro se le adelantó, sentenciándole a que fuese en otra ocasión.

Se encogió, con una pequeña sonrisa, cuando le besó, comenzando de nuevo el recital y cambiando otra vez el tema de conversación, despistando un poco al rubio –Conseguirás que me vuelva loco –susurró de un modo algo provocativo, hecho adrede.

El Ángel dorado… volvió a sonreír tontamente, esta vez sin hacer siquiera falta el sentir a Scary contra sí. Lo llevó hasta una pared, de nuevo acorralándolo pero no tan salvajemente.

Suspiró, sintiendo las manos de Scary abordar todo su torso mientras besaba su cuello y recitaba. No pudo evitar cerrar los ojos, conteniéndose las ansias de besarlo tan solo para que no se callase, embelesado con sus palabras.

Desafía, mi corazón aún está ardiendo, el Ángel dorado, brindando espadas por el caballero alado, alza el vuelo… -Sobre aquellos iguales que son de piedra –susurró, con los ojos cerrados, la respiración algo agitada y el pulso dislocado, extasiándose con cada palabra que le dedicaba.

El ansia con el que recibía el abrazo casi le arrastraba el cuerpo hacia arriba, quedándose prácticamente a la misma altura uno de otro, mirándole directamente a los labios, de donde no dejaban de salir aquellas palabras.

Mordiéndose el labio, siguió escuchando, pendiente de todo aquello que decía, disfrutando como jamás lo había hecho de la poesía, y casi sin querer volver a leer ninguna otra, siendo aquella última la que había escuchado de labios de Scary.

Volvió a cerrar los ojos, con los labios del gótico rozando los suyos mientras hablaba, sintiendo su aliento golpear su boca, no haciendo otra cosa más que excitarlo.

Sin más, la lengua de Scary invadió su interior, y sin alterarse lo más mínimo, le devolvió aquel apasionado beso con toda el ansia de devorarlo que había acumulado durante todo el recital, llevando sus manos hasta su espalda desnuda y pegándolo más a él.

Separó sus piernas, empujando a Scary contra él y encajándolo entre ellas, sintiendo como todo su cuerpo se rozaba el uno contra el otro, jadeando suavemente. Dejó escapar sus labios para poder seguir escuchando aquellas hermosas palabras, sonriéndole y, a veces, hasta quedándose algo con la boca abierta, mordiéndose el labio con fuerza tras ello, refrenando el impulso de volver a allanar su boca.

“Entre tinieblas, brilla eternamente, mi ángel dorado…”

Simplemente, se quedó observándolo. Observando su respiración agitada, sus ojos examinando y casi queriendo traspasar los suyos, sintiendo su mano enredada en su pelo rubio y el roce de los labios.

Sonrió al escuchar que él había sido el primero al que Scary le hubo dedicado otra poesía, sintiéndose feliz y el poseedor de sus sentimientos. Dejó bajar sus manos hasta las caderas del gótico, intentando pegarlo más de lo que estaba. –Y me ha encantado, mi ángel oscuro –terminó con una pequeña sonrisa, acercando sus labios hasta darle un pequeño beso en la mandíbula.

Se dejó llevar de nuevo, suspirando, deseando que Scary pudiese terminar aquello que tantas ganas tenía por hacer para poder marcharse juntos.

Le encantaba la idea de que en poco rato (o creía él que sería poco) podrían llegar a casa, meterse los dos en la cama y poder, no solo tener a alguien al que abrazarse, abrazarlo a él. Y que al despertar, lo primero que se encontrase fuese el rostro de su ángel.

Prefirió olvidar aquello que dijo el gótico, lo había supuesto cuando había hablado de él. Había visto a Scary matar a una persona, lo cierto, que no de una forma muy agradable. Y él mismo había matado a otra, rompiéndole el cuello, para estar junto a él. Aún así, prefería olvidar todo aquello.

Habían sido cosas que se había visto obligado a hacer para poder recuperar al hombre que más amaba (apretó más fuertemente la mano que tenía entrelazada con la del otro), y sin duda volvería a hacerlas.

Cuando pareció que habían llegado a su destino, una puerta elegantemente adornada de negro con la numeración en plata, pararon. Antes de dejarle hacer nada, se puso entre la puerta y él, impidiéndole el paso.

-Esto, ¿porqué es? –preguntó con el ceño ligeramente fruncido. -¿Es por separarnos o… o por todo lo que les hizo a tus compañeros? -Le daba rabia pensarlo así, sobre todo mientras se hablaba de la vida de esa persona como si fuese lo menos valioso de todo el asunto (que, realmente, lo era), pero no quería ver como Scary mataba a un hombre por despecho del pasado, por mucho mal que hubiese hecho. Si permitía aquello, que poco podía hacer para impedirlo, era para acabar con el motivo de su separación, para que no volviese a ocurrir.

Avanzó los pocos pasos que lo separaban de él, entrelazando sus manos detrás de su cuello, abrazándolo y pegándose de nuevo a él. Se quedó unos segundos mirándolo –Te quiero –dijo antes de darle un tierno y suave beso, separándose y dejándole paso ante el hombre que se hallaba tras esa puerta.
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