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 Cerebro del Centro de Investigación Neuronal

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Theatre Des Vampires
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MensajeTema: Cerebro del Centro de Investigación Neuronal   Sáb Ago 30, 2008 9:08 pm

El Cerebro del Centro de Investigación Neuronal consiste en un gran despacho negro sin iluminación de ninguna clase. Aquí el Líder del centro desarrolla en secreto sus experimentos, toma las decisiónes importantes e irrumpe en la intimidad de sus pacientes con sus sofisticados medios de vigilancia.

Mesa central, grande y repleta de libros y ordenadores, y silla de cuero con gran respaldo y reposabrazos sembrados con botones, teclas y sticks permanecen iluminadas únicamente con las cientos de pantallas holográficas que se mantienen levitando ante el escritorio del Director del centro.

Estos hologramas conectan directamente con todos los habitáculos, pasillos y quirófanos de las instalaciones, con lo que todo cuanto ocurra en ellas se verá reflejado en las pantallas inmediatamente. Las paredes y el suelo, de grandes baldosas negras, están construidos con un material anti-balas, blindado e insonorizado.

Toda la información que valga mínimamente la pena en todo lo largo y ancho del Centro de Investigación va a parar a este lugar, pero raras veces sale de él. Además, la estancia posee un potente super ordenador integrado en su sistema, y con un solo click se puede acceder a todos los historiales y dosieres de antiguos o nuevos miembros.

Tras el número XIII, esta habitación inteligente que acoge la mayoría del tiempo al Director Saddler permanece siempre cerrada bajo férreas medidas de seguridad.
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†Scary Manson†

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MensajeTema: Re: Cerebro del Centro de Investigación Neuronal   Jue Sep 04, 2008 3:20 pm

Caminando por aquel silencioso pasillo, Scary podía percibirse a sí mismo como si caminase entre cientos de nubes blancas sobre el cielo, tomado de la mano de su ángel, del único y más hermoso ángel de todos los que hubiesen podido caer junto a él. El gótico imaginaba la espalda de Ángel protagonizada por dos grandes alas plateadas resplandecientes en luz blanca, luz blanca guiándole en la oscuridad que siempre se cernía en torno a él, que siempre le envolvía.

Cada vez con mayor fuerza y fervor, Scary amaba y tomaba a Ángel como su "Salvador".

Pero ahora, habiendo dejado el camino atrás, simplemente se estaba dedicando a devorar el cuerpo de su ángel lenta y tortuosamente, como un pequeño preludio de lo que aún quedaba por venir. Eso solo era una pequeña señal, un destello de lo que pasaría una vez el gótico acorralase a ese ángel entre sus sabanas, momento en que haría físico todo cuanto sentía poseyendo al completo su cuerpo. Allí, abrazando y empujando al rubio contra la pared con su cuerpo, no pudo hacer más que respirar ruidosamente a sus labios mientras ambos cruzaban una intensa mirada de deseo mutuo.

Ante la forma de llamarle que empleó Ángel, Scary no pudo hacer más que sonreír tímidamente mientras rozaba su nariz con el rostro, un tanto avergonzado.

No era algo nuevo, pues tras Manson siempre había estado la leyenda de los ángeles oscuros, antiguos seres virtuosos y llenos de bondad que por razones, dejan las arpas y los laureles para tomar espadas y escudos y lanzarse a la batalla contra aquel que les creó. Y tal vez en ese instante fuese cierto que el Ángel Oscuro estaba planeando, espada en mano, su vendetta contra su creador por haberse atrevido a separarle de su guardián, de su ángel de luz.

Tras separarse lo justo para poder caminar, Scary emprendió la marcha para finalmente acabar con todo aquello, y cerrar de una vez aquel negro capitulo de su vida.

Un único capítulo que había salpicado su preciosa historia con Ángel.

Desde luego, sus historias siempre habían estado manchadas de sangre, pero la que el rubio protagonizaba no iba a verse ensuciada por nada, resplandecería, tal y como lo hacía él mismo.

Escuchó la pregunta del chico con la respuesta bien clara ya fijada en su mente.

-Mis compañeros bien merecerían una venganza, y estoy seguro de que, si me están viendo, se estarán tomando este gesto como un pequeño regalo "post-mortem"...-explicó, y ladeó la cabeza hacia Ángel con una mirada tierna adornando su macabra expresión-...En primer lugar es por ti... por haberte introducido en un mundo que no es tuyo... por haberte hecho sufrir mi ausencia, y por haberte puesto en peligro...-se acercó un poco, echándole un vistazo a la puerta-...ya solo por eso merece no solo morir, sino que sea yo mismo el que se lleve su vida... en segundo lugar, es por mí... por que yo he sufrido esa misma ausencia con un dolor... desgarrador... y por que no soportaré que nos separen una segunda vez... Llámalo instinto de supervivencia, ¿te parece?...-preguntó, ya pegándose a él y reteniéndole en sus brazos.

Miró hacia abajo con otra siniestra pero dulce sonrisa dedicada a Ángel, avanzando unos pocos centímetros y dejando un sonoro beso en sus labios mientras las manos empezaban a cobrar vida, deslizándose y disfrutando de la piel del rubio.

-Mi precioso ángel...-susurró lleno de cariño a su oído-...cuando esto acabe, seré tuyo... no habrá más personas en el mundo para mi, simplemente existirás tu... solamente existirá mi ángel en mitad de la oscuridad...-le abrazó más fuerte, internándose entre sus piernas ya en una clara seña de que estaba conteniendo el ansia de disfrutar del placer que solo el cuerpo de Ángel conseguía hacerle sentir al suyo propio-....dependo completamente de ti...-masculló en un suspiro ronco-...te amo...-concluyó con su profundo acento alemán.

Como un último regalo para ambos antes de lo que se avecinaba, Scary sujetó con fuerza el rostro de Ángel con ambas manos y volvió a invadir sus labios en otro feroz beso de pasion atada con todas sus fuerzas, pero que desataría de la forma mas explosiva posible llegado el momento. Perdio la noción de todo durante unos segundos, devorando la lengua y boca del rubio entre suspiros y pequeños gemidos de placer hasta que, finalmente, se separó, liberando al otro del abrazo y dirigiéndose hacia la puerta.

Posó una mano en la fría superficie de la misma, y bajó la cabeza.

-En tu mano dejo el entrar a presenciar mi último crimen... o el quedarte aquí y mantener la, de por si, tenebrosa imagen que ya tienes de mí... mi ángel...-dijo sin mirarle, y sin más, abrió la puerta.

No le extrañó que no opusiese resistencia, ya que era bastante complicado para cualquiera que no fuese Manson alcanzar esa estancia. Además, el gótico tenía la ligera impresión de que su creador ya estaría esperándole lleno de ilusión, así que decidido a no retrasar más la reunión, Scary se internó en la oscuridad dejando la puerta entreabierta, al gusto de como Ángel quisiera utilizarla.

Si para pasar, y ver a la persona que amaba asesinando una vez más, o si quedarse fuera, esperando y pensando con goce en todo cuanto podrían vivir una vez libres.

Dio unos pocos pasos en silencio, paseando el cuchillo entre sus dedos con gestos expertos, examinando el lugar. Como ya podía predecir, el salón que albergase a Víctor James Saddler estaría plenamente sumido en la negrura, al viejo loco nunca le gustaba que todo lo que le rodeaba estuviese "demasiado" bañado por la luz.

La luz de Dios, Dios, Dios le observaba, si, su Dios...

Y por supuesto, ahí estaba, abrazado por sus pantallas llenas de ensangrentadas imágenes del dolor, de la enfermedad y de la demencia. Un señorial anciano de pie, en mitad de un torbellino de hologramas, observando tranquilamente como Dios observaría sufrir a La Creación.

Scary se sentía, sencillamente, pletórico.

Paseó el cuchillo una vez más por las manos, pisando el suelo con la ligereza y sonido de una pluma mientras que en su rostro empezaba a aparecer una traviesa sonrisa de niño a punto de darle un buen susto a su padre.

Al estar ya lo suficientemente cerca, el asesino se percató de que en las pantallas había imágenes de una mujer con el rostro desfigurado y sustituido por una gran masa de carne sanguinolenta.

Giró los ojos hacia otra pantalla, ya muy cerca del Doctor.

En la otra imagen se podía ver a un guardia con el cuello roto, en mitad de un pasillo.

Sonrió con más intensidad, sintiendo un salvaje arrebato de pasión y amor hacia su Ángel, pero continuó caminando para girar los ojos hacia otra pantalla.

La holografía mostraba un cuerpo inerte con el pecho agujereado y restos de su carne desparramada por el suelo, su primera víctima.

Como un murciélago que bate por primera vez sus alas, Scary Manson despegó los pies del suelo alzando casi un elegante vuelo, cruzando el aire de un salto y aterrizando justo detrás del científico. Pero con tanta maestría y fluidez que de su movimiento solo pudo percibirse un ligero vaivén de aire.

Acercó sus labios a la nuca del hombre, escondiendo el cuchillo tras su espalda como aun especie de ramo de flores, presente para la persona que mas quisiese.

-Distinto es el que se aplica a meditar la ley del altísimo. Estudia la sabiduría de todos los antiguos y consagra sus ocios al estudio de los profetas... Conserva los discursos de los hombres famosos y penetra en las sutilezas de las parábolas...-recorrió las pantallas una vez más con la mirada- El Señor me envía con tu castigo bajo el brazo...-anunció con su hosco tono de voz, entrecerrando el ojo izquierdo un par de veces en un desagradable y psicótico tic nervioso.

No quiso, de momento, mirar ni saber si su ángel estaría viéndole y escuchándole hablar, pero le sentía. Sentía su fuego iluminador dándole fuerzas, calentando su corazón que en esos momentos estaba rebosante de histérica euforia, y llenando de felices pensamientos una mente nublada. Nublada por un humo oscuro en el que simplemente se visualizaban dos cosas.

Por un lado, la muerte de la persona que había quebrado por la mitad su maravillosa historia, y por otro lado, la maravillosa historia en si. La Biblia que solamente él y su ángel protagonizaban.

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Victor J. Saddler

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MensajeTema: Re: Cerebro del Centro de Investigación Neuronal   Jue Sep 04, 2008 8:40 pm

Permaneció impasible ante las imágenes dibujadas en las pantallas, conectadas a tres de las numerosas cámaras de seguridad que custodiaban el edificio. Las tres que habían sido testigos de tan terribles actos. Y, aún a su pesar de estar observando una mujer sin rostro, un guardia con el cuello roto y en una posición imposible, y a un hombre con el pecho totalmente agujereado, no sintió el más mínimo dolor, conmoción o compasión.

Simplemente se limitó a observar como se iba llenando el suelo de su psiquiátrico de sangre.

Se llevó una mano a la barbilla, con pose de erudito. Obviamente, todo aquello debía de ser obra de una sola persona (al menos las dos imágenes mas sanguinolentas), y sabía perfectamente qué clase de persona. Lo que no sabía es si le concedería el placer de volver a verlo por esos lugares.

No había bloqueado ni una sola entrada o salida del edificio, si iba, que fuese para ver a su grandísimo creador por un impulso propio, no por obligación. De todos modos, poco podrían hacer las medidas de seguridad contra Scary Manson.

Había conseguido escapar el Espécimen Perfecto 003 a manos de un muchacho, ¿no iba a poder hacerlo aquel hombre que casi rozaba lo divino? Desde luego, sería de estúpidos cuestionar el inmenso poder que Scary poseía. Y que utilizaba, además, demasiado bien.

Además, había escuchado a manos de sus espías que volvía a estar enamorado. O, al menos, intentaba proteger a alguien. Por desgracia ellos no pudieron ver de quien se trataba, pero Víctor confiaba en que el chico le diera ese placer a él.

Oh, Scary Manson enamorado, eso era toda una delicia que tenía para volver a saborear. Ya no sería como la primera vez, en la que torturaba a un pobre chico asustado y sin saber qué hacer. No. Ahora sería para estudiar hasta donde era capaz de moverse por aquel irrefrenable sentimiento al que llamaban amor. ¿Hasta dónde sería capaz de cegarle la pasión que pudiese sentir?

Una pequeña sonrisa se le dibujó en el viejo rostro al oír aquella voz que durante tanto tiempo había escuchado con auténtica devoción, como si se tratase de la del propio Padre de todos los cielos.

-¡Scary! –dijo a la vez que se giraba, enfocando su vista en el cuerpo del chico, que estaba desnudo de cintura para arriba. Aumentó su sonrisa. “No me digas que has traído a tu queridísimo aquí…” Oh, cielos, podría investigarlo. Podría estudiarlo con todo su armamento de herramientas, medicinas y científicos, e intentar averiguar el porqué de que Manson se hubiese fijado en él y no en otro.

Y podría, dicho sea de paso, perfeccionar a aquel que fuese su amante. O bien crear uno nuevo adecuado para él, pero con las características del otro. Y, más tarde, estudiar la reacción que tendría Scary de todo aquello. Delicioso, sencilla y maravillosamente, delicioso.

-¿Mi castigo? ¿A eso se debe tu visita? –Preguntó con las cejas alzadas, haciendo que las gafas resbalasen un poco sobre la aguileña nariz. –Y dime, si no es mucha molestia –dijo con los ojos entreabiertos y una pequeña reverencia con la cabeza -, qué he hecho para poder merecer tal… privilegio –Dijo con un retorcido tono de voz y una macabra sonrisa al recordar una y otra vez todos y cada uno de los informes del Espécimen Perfecto –Que supone el poder morir a manos de Scary Manson.

Lo examinó, con más y más ideas sobre nuevos estudios que podría hacerle, experimentos con los que torturarlo, ponerlo a prueba y demostrar una vez más todo el poder que tenía aquel muchacho y esperando a que aquel al que amaba, apareciese por la puerta como un nuevo regalo.

-Y dime también otra cosa, ¿a mí también me vas a recitar, Scary? –preguntó con un morboso tono de voz. No habían sido pocos los que han podido escucharlo recitar, pero ni uno solo, o así lo creía Saddler, había podido vivir para contarlo. -¿Qué poema tendré el enorme placer de escuchar de tu boca?
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†Scary Manson†

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MensajeTema: Re: Cerebro del Centro de Investigación Neuronal   Jue Sep 04, 2008 10:18 pm

Una extraña sensación recorrió el cuerpo del gótico al escuchar su nombre de boca de su fabricante. Scary pasó unos segundos intentando identificar ese extraño sentimiento que había experimentado al escuchar como Saddler pronunciaba su apodo. Tal vez fuese alguna agradable emoción típica de reencuentro.

Arqueó una ceja.

Ah, pues no, era un escalofrío. Un asqueroso y repulsivo escalofrío, vibrante y retorcido cual cientos de arañas trepando desde sus piernas hasta sus hombros. Un escalofrío que hizo que Scary retorciese un poco su cuerpo mientras esbozaba una mueca de asco. No, y todavía ese estúpido (aunque genial) anciano estaría feliz de poder escuchar una de las poseías de Scary, que eran como su símbolo.

Siempre lo había pensado así. Ya que alguien le entregaba su cuerpo para poder despedazarlo bajo la hoja de su puñal, lo menos que podía darle Scary a cambio era una poesía que poder recordar en su trayecto al más allá. Solamente Ángel había gozado del privilegio de la genial dote poética de Manson no para morir después, sino para besarse o hacer el amor.

Era algo que solamente él podía decir. No obstante evaluó durante un momento todas las palabras del anciano con la vista clavada en él.

-No voy a tener la suerte de que esta velada sea tan interesante como esperaba... ¿Verdad?-dijo bostezando discretamente mientras ocultaba su boca tras sus largos dedos blancos. Realmente, tras haber visto el baboso servilismo de Saddler en todas sus palabras, Scary estaba seguro de que aquello no iba a ser un combate digno de él, desde luego.

-Vamos, Víctor, ¿Vas a obligarme ahora a enumerar tus delitos, llamados "razones" por tí? ¡Acabamos de reencontrarnos! Tras tantos años... ¿Y así me recibes? ¿Un simple "¡Scary!" y ya? ¿Donde quedaron esas lejanas épocas en las que manteníamos profundas conversaciones Medico-Paciente a la luz de los rayos del Área de Pruebas?-dejó unos segundos de silencio- Razones, como tales, no me hacen falta para quitarte de en medio y poner de una santa vez por todas fin a tu enferma vida, aunque cierto es que un simple motivo me ha traído hasta aquí.

Hizo una pausa, apacible. Hablaba con un extraño toque enloquecedor, su ojo izquierdo se entrecerraba de vez en cuando, y perdía el hilo de sonido una o dos veces en sus frases. Como si estuviese perdiendo su propio control.

-¿A recitar? ¿Quieres que te recite? ¿Víctor? ¿Víctor James Saddler? ¿En serio? ¡No! ¡No puede ser! ¡Ooooooh! ¡No quepo en mi de gozo!-se puso a corretear por el salón con andares violentos y grotescos, asemejando a un gran cuervo.

De un etéreo salto Scary se posicionó encima de la amplia mesa de despacho, tirando al suelo algunos papeles y bolígrafos que entrechocaron al caer-Pues no, más que recitar te voy a "resucitar". ¡Si! ¡Si, Saddler! ¡Aquí y ahora ante este maravilloso juzgado de ángeles y demonios yo voy a resucitar TÚ memoria...!-gritó a la oscuridad, señalando con los brazos extendidos a un invisibles e inexistentes estrados que Scary imaginaba llenos de mensajeros de dios y crueles bestias del infierno.

Recogió sus extremidades, apoyando el codo en una mano mientras reposaba la cabeza sobre el puño, con el cuchillo destelleando horizontalmente junto a su rostro.

Giró, clavando la mirada en Saddler, y todo quedó en silencio como si todos aquellos ángeles y demonios que le acompañaban en su tóxico inconsciente le mirasen con él, sentenciándolo.

-Resucitemos pues a tus fantasmas del pasado Saddler... ¡Pero creo que son demasiados! ¿No? Más de trescientos... trescientos seres humanos sin rostro ni nombre que tu reduciste a inertes cadáveres en ese asqueroso corral de muerrrrrrrrrtos en el que transformaste el centro de investigación... Trescientos cadáveres de entre los cuales nosotros, Los Perfectos, conseguimos alzarnos sosteniendo la vida en nuestras manos. Vida que tu nos arrebataste para seguir destruyéndonos en pos de una perfección que dicho sea de paso, está muy lejos de tu alcance.

Se sentó con elegancia en la mesa, dejando colgar una de sus piernas mientras que la otra permanecía doblada frente a su cuerpo, con un brazo apoyado en esa misma rodilla. Torció el gesto, con asco y desprecio.

-Por supuesto, polvo al polvo, yo ya había olvidado todo aquello en realidad, o al menos lo había intentado. Y desde luego por nada del mundo habría cruzado el umbral para volver a ver tu cara, quisieses tú o no-suspiró, fingiendo tristeza-pero está visto que eres como una mosca cojonera (y perdona la expresión) y que haga lo que haga siempre tendré tu molesto zumbido martilleándome en la oreja. Por lo general habría soportado estoico todo lo que hubieses hecho contra mi, y lo sabes-se examinó la dentadura, reflejada a la perfección en el cuchillo con la nitidez de un espejo-Conoces muchas formas de tortura ¿Por que no iba a soportar una más? Te preguntarás...

Levantó una mirada cargada de odio en ese mismo momento, unos ojos iluminados por un chispazo de locura y rabia retenidas durante toda la conversación.

-¿Por que en esta tortura en particular, también sufría mi ángel, tal vez?-preguntó.

Lleno de rencor el gótico pudo imaginar todo cuanto Ángel podría llegar a sufrir de caer en manos de Saddler. Pensar en él chillando, sacudiéndose de dolor, padeciendo las consecuencias de haberse enamorado de la persona equivocada, era algo que superaba con creces toda la rabia que Scary pudiese sentir.

No permitiría eso, él protegería a su ángel al igual que su ángel le protegía a él. Daría su vida si era necesario, pero volverían felices a su casa, aunque fuese con las manos manchadas de sangre, ya fuese inocente o culpable.

Como un rayo, veloz e imparable, Scary saltó de la mesa impulsado por un resorte invisible, cruzó el aire en una terrorífica postura de caza, elevando sus manos como si fuesen alas y arqueando su cuerpo, hasta aterrizar de pié a menos de un centímetro del Doctor, totalmente erguido y orgulloso.

El tiempo se detuvo, así como paciente y médico, que parecieron congelarse durante un instante.

No se escuchó nada más que un ligero sonido filoso y metálico atravesando algo húmedo, pero ningúno de los dos hombres se movió un ápice. Solo Scary al cabo de unos segundos, que sonrió al ver como de la comisura del labio de Saddler caía un pequeño hilo de sangre.

Scary dió un paso atrás, extrayendo muy lentamente la hoja del cuchillo del estómago del científico, que había clavado en él nada más posarse en el suelo tras su salto. La bata blanca y las ropas médicas empezaron a verse teñidas de rojo intenso, de un rojo intenso que muy poco o nada atraía la atención del asesino.

Él solo bebía la sangre de Ángel.

Rápidamente dio media vuelta, acercándose a la puerta y cerrándola de una patada.

Mientras el viejo se iba recuperando, y sin saber aún si Ángel estaba dentro o fuera, Scary tomó en sus manos los pomos de la puerta, alargados y de metal negro, y los retorció con la fuerza de sus brazos hasta hacer un nudo con ellos. La puerta había quedado sellada, y el Cerebro del Centro sin salida posible.

-Sería una pena que ahora la seguridad viniese a interrumpir nuestro momento... ¿No te parece?...

Dirigió la vista hacia Ángel aún frente a la puerta, dedicándole una mirada sonriente y llena de cariño, como ofreciéndole el sacrificio que estaba a punto de llevar a cabo. Como si ese crímen en particular fuese un regalo para su ángel, un símbolo de lo lejos estaba dispuesto a llegar por amor.

-Perecen los justos y nadie se preocupa por ello... Los hombres piadosos son arrebatados, y nadie advierte que a causa del mal es arrebatado el justo... para entrar en la paz...-susurró en un dulce tono de voz, girando la cara y comenzando a caminar hacia el maltrecho Saddler con el cuchillo lánguido, en su mano.

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Ángel G. Evans

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MensajeTema: Re: Cerebro del Centro de Investigación Neuronal   Vie Sep 05, 2008 2:22 pm

Seguramente, una vez estuviese dentro, viendo como aquel viejo se desangraba, apartaría la mirada, asqueado, e intentaría pensar en otra cosa. Pero mientras, fuera y en brazos de Scary, no le hacía demasiados ascos a la idea de que el gótico hubiese sufrido tantísimo como para querer arrebatarle la vida al ser que los había separado.

De hecho, le gustaba bastante la idea.

Había sido Ángel el causante de que Scary se manchase las manos de sangre, estaba matando por puro amor y pasión que sentía hacia el rubio. No había otra manera de aceptar la idea que no fuese otra que hacerlo con los brazos abiertos.

-Me parece –susurró con una pequeña sonrisa, dejándose abrazar y pasando él sus brazos bajo las extremidades del otro, uniéndose de nuevo en otro fuerte abrazo. Cerró los ojos, apoyando la cabeza en el hombro de Scary, escuchándolo hablar como si de nuevo le estuviese dedicando otra poesía.

-Yo a ti también –Dijo, segundos antes de que le tomase el rostro con fuerza y le hiciesen sellarse en un nuevo beso rebosante de pasión en el que Ángel pudo hacer poco más que retenerlo con fuerza en aquel abrazo.

Pero cuando se separó de sus labios, aflojó también la intensidad de sus brazos en torno al cuerpo de Scary, dejándole que pudiese marcharse. Se quedó observando su figura dirigiéndose hacia la puerta.

Asintió, aunque sabía que nadie le miraba, cuando le ofreció a elegir entre esperarlo fuera, u observar como moría alguien a manos de la rabia de Scary tras haberlos separado.

Suspiró, apoyándose en la pared y comenzando a moverse contra ella. Quizá lo más adecuado, o al menos lo más lógico, fuera que se quedase ahí y lo esperase. Aunque tampoco sería capaz de quedarse tan tranquilo mientras sabía que ahí dentro alguien estaba siendo brutalmente asesinado, y menos cuando era Scary el que estaba ahí dentro, y el que podría tener problemas y acabar bastante mal.

Decidido, se adentró en la oscuridad de la estancia, dejando la puerta abierta tras de sí y quedándose entre las sombras, observando desde allí, mientras avanzaba con cautela, toda la escena: Scary se hallaba de cuclillas, sobre una mesa de despacho, mirando hacia un señor que tras de sí tenía tres enormes pantallas en las que se adivinaba una señora sin rostro ni piel, el guardia del cuello roto y otro que tenía el pecho agujereado y sangrante.

Volvió a clavar, rápidamente, la mirada en el cuerpo de Scary tras haber escuchado como lo mencionaba, con una pequeña sonrisa dibujándose en la cara.

Sin más, saltó de la mesa, aterrizando a poquísimos centímetros de la otra figura, quedándose por unos segundos los dos quietos, prácticamente pegados y sin hacer nada. Desde su posición, Ángel no podía ver con claridad qué sucedía allí, pero al poco Scary volvió a separarse, extrayendo del estómago de Saddler la daga.

Inmediatamente, le llamó el olor a sangre. Aún así sabía que no debía, ni quería, probarla. Ángel tan solo se alimentaría el resto de sus días con la sangre de aquel al que amaba, al igual que tendría que hacerlo Scary de la del rubio.

Lo observó dirigirse hacia donde estaba, sellando la puerta para que nadie pudiese entrar o salir a no ser que la rompiesen. Le dedicó una sonrisa de apoyo, mirándolo aún desde las sombras, pero adentrándose poco después en la luz de la estancia, dejándose ver y siguiéndolo.

Se colocó justamente tras él, dedicándole una fugaz mirada al moribundo, ahora sí, como ya había predecido afuera, sin saber qué pensar respecto a ello. Por una parte, cavilando el pedirle a Scary que parase, y por la otra deseando que fuese él el que acabase con el motivo de su separación, procurando que no hubiese una segunda.

Depositó un pequeño beso en el cuello de Scary mientras lo rodeaba entre sus brazos, apretándolo suavemente contra él, escondiendo su rostro en su cuello, aspirando su aroma y reconociéndolo como el mejor que hubiese tenido ocasión de conocer.
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Victor J. Saddler

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MensajeTema: Re: Cerebro del Centro de Investigación Neuronal   Dom Sep 07, 2008 1:37 am

Frunció el ceño, observando a un Scary fuera de sí que ya bastante bien conocía, siguiéndolo con la mirada y sin hacer el más mínimo gesto de asombro, extrañeza o duda. Simplemente, siendo un espectador del asombroso Manson chillando ante un juzgado lleno de ángeles y demonios, saltando sobre la mesa y haciéndole recordar todo lo hecho bajo sus órdenes y mandos.

Lo miró, ahora sí, con una mueca dolida. -¡MURIERON TODOS AQUELLOS QUE NO SE MERECÍAN VIVIR! –gritó con ansia, apretando con tanta fuerza los puños que consiguió hacerse daño (y unas pequeñas marcas rojas, dicho sea de paso) en la palma de la mano con sus propias uñas.

-¡OS SALVÁSTEIS LOS PERFECTOS! AQUELLOS A LOS QUE NI LA CIENCIA PUEDE DESTUIR! ¿No lo entiendes, Scary? –Preguntó, con las gafas resbalándole por la retorcida nariz -¡ERES INDESTRUCTIBLE! ¡UN ARMA MUCHÍSIMO MÁS PODEROSA QUE CUALQUIER BOMBA! SCARY, ERES TAL AMENAZA… CON TAN SOLO UNOS SIMPLES MOVIMIENTOS DE TU DAGA, ERES CAPAZ DE DESTRUIR EL MUNDO. ¿Es que no te das cuenta? ¿NO TE DAS CUENTA?


Tras ese momento de histeria, volvió a quedarse la estancia en silencio. Víctor tenía la mirada clavada en el cuerpo de Scary, con la respiración agitada y la rabia bulléndole la sangre.

Abrió más los ojos cuando escuchó la causa por la cual aquella vez no había soportado estar de nuevo atrapado. Entonces Saddler tenía razón, era cierto que había una persona de la cual Scary se había enamorado.

-¿Sabes qué? –preguntó con una media sonrisa, preparado para torturar de nuevo a su Espécimen Perfecto, aunque tan solo fuese mediante palabras –Un verdadero ángel no permitiría que se llevase de su lado a su amado –dijo con un susurrante tono, aún a sabiendas de que él lo había escuchado a la perfección –Quizá sea menos de lo que cre…

Todo quedó en silencio.

Frente a él tenía a Scary, mirándolo fijamente, prácticamente pegado uno al otro. Él sentía algo húmedo y caliente, algo que comenzaba a mancharle la ropa y a hacerle sentir frío, e, inmediatamente después de eso, un insufrible dolor de apoderaba de su cuerpo.

Con los ojos desorbitados, se llevó ambos brazos al estómago, intentando mitigar el dolor de la estocada que acababa de recibir, cubriéndose la piel de rojo. –De… deberías darm-me las g-gracias… -dijo con un hilo de voz, aún sin creerse lo que acababa de ocurrir y sintiendo cómo comenzaban a fallarle las piernas.

Se dejó caer, anclándose de rodillas en el marmóreo y helado suelo, sintiendo como se cubría al completo de sangre. El tiempo se detuvo para el científico, sin ser consciente de nada, ni siquiera sabía si en esos momentos respiraba. Tan solo podía sentir el dolor y la húmeda sensación.

Alzó la mirada, clavándola de nuevo en aquel que él consideraba un Dios, un ser superior y perfecto, y casi como su hijo. Al fin y al cabo, ¿a caso no lo había creado él? ¿No había sido propiedad suya durante años?

Observó como se dejaba acariciar y besar por aquella persona que Scary creía especial, y por la cual ahora Saddler yacía agonizando en el suelo de su despacho.

No, aquel hombre era suyo. Era su Perfecto, Víctor había sido creado para ponerle a prueba y Manson había nacido para superarlas. Y si el genio moría esa noche, habría sido llevando a cabo su última prueba.

Casi con sus últimas fuerzas, abrió la bata, ahora teñida de rojo, y rebuscó en el interior. En un bolsillo, a la altura del pecho, había algo. De su bolsillo sacó una preciosa pistola negra metálica que brillaba bajo la luz de los neones, fruto de sus propios laboratorios y profesionales.

La pistola disparaba unas balas especialmente diseñadas por él, aunque, ciertamente, no las había utilizado nunca. Sin embargo, ¿qué mejor ocasión para estrenarlas que en honor a Scar Manson?

Las balas eran pequeñas, pesaban poco, ágiles y, en la mayoría de los casos, más letales que las comunes. Una vez disparada, la boquilla se abría y de ahí salía un material especial, algo así como metal fundido ardiendo y en estado líquido, que congelaba tal cual el órgano dañado, filtrándose a través, llegando hasta la sangre y haciendo que, una vez ahí, se repartiese por todo el cuerpo mezclada con ésta, congelándolo hasta hacer que la persona disparada terminase siendo una bonita estatua de metal incandescente con veneno en las venas.

Sin más, y con la vista nublada, disparó al rubio, tirando después la pistola al suelo, destrozado y siendo ya un dolor demasiado enloquecedor el que estaba sufriendo, aunque sin dar muestras de ello. Tan solo, decidido a irse de ese mundo tras haber puesto a prueba por última vez al perfecto Scary, esperando a que el metal comenzase a recorrer el cuerpo de su amante.
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†Scary Manson†

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MensajeTema: Re: Cerebro del Centro de Investigación Neuronal   Dom Sep 07, 2008 12:59 pm

Como si de la mejor Ópera vienesa se tratase, Scary escuchó uno a uno todos los halagos histéricos y reveladores de su "padre" científico casi con los ojos cerrados, como si quisiese concentrarse en esa voz enumerando uno a uno todos los dones que él mismo había creado.

Debía ser, pensó el gótico, que Saddler consideraba todos esos poderes algo así como "regalos".

Tal que como una oscura versión de Adán que recibe los dones de un Dios por supuesto no menos oscuro, pero aún así, debía darle la razón al doctor. Scary Manson en si constituía una de las más poderosas armas de la tierra, y por eso debía ser conservada en secreto; fácilmente podría infiltrarse en la casa blanca, abordar el despacho oval y capturar al presidente. Una vez hecho eso, podría obligarle a reunir a todos los grandes líderes del mundo y secuestrarlos, concluida esa parte, el mundo sería suyo si quería ("A eso le llamo yo Democracia" pensó Scary).

Suyo, o de la persona a quien el sicario Manson sirviese, en las frías manos del gótico se alzaba el poder de la simple y llana "Perfección".

Mientras observaba los últimos suspiros de aliento de su padre con terrorífica calma, Scary se dejó abrazar y envolver por el calor de los brazos de su ángel, que había aparecido reteniéndole contra su pecho por la espalda, haciendo que el gótico torciese un poco el cuello hacia atrás con expresión cariñosa, los ojos entrecerrados, la boca poco abierta y el cuchillo lánguido.

Todos los músculos se aflojaron en el instante en que los besos comenzaron a caer sobre su hombro, distrayéndole y haciéndole gemir en bajo, pidiendo más.

-Oh, por supuesto Víctor... Gracias por haberme hecho al gusto de mi Ángel... creo que es todo cuanto puedo concederte...-dijo entre susurros-...sigue Ángel...-pidió más en bajo, solo para el oído del rubio, mientras empezaba a pegarse más contra él y sus manos empezaban a acariciar su cintura, restregando la espalda contra el cuerpo del otro, cariñoso-...Un verdadero ángel no puede evitar los accidentes... pero puede usar todas sus armas para remediarlo... puede partir en dos el cielo... con tal de encontrar a su otro ángel...-explicó, girando la cara para poder acariciar la mejilla de Ángel con sus labios, tomando con las manos sus muñecas y colocándolas sobre su propio pecho-...como ha hecho él por mí...

Se separó un poco de su guardián tras darle un beso casi tímido en los labios, adquiriendo una vez mas su histriónica postura y empezando a caminar hacia Saddler, separándose del cuerpo de Ángel en una suave caricia.

-Víctor, mucho me temo que ya va siendo hora de que pongamos un trágico final a tu "Dramatis Velum", así q...-se calló de repente y a medio camino entre el hombre al que amaba y el hombre al que odiaba, intentando identificar con el ceño fruncido los movimientos que Saddler estaba llevando a cabo con sus últimas fuerzas.

Al ver aquel instrumento plateado salir de entre las ensangrentadas telas, todos los sentidos del asesino afloraron de golpe activándose a su máxima potencia.

Tensándose todos sus músculos, el gótico sintió la bala de metal fundido dispararse de la pistola, cruzar el aire de forma invisible e impactar en el costado de, efectivamente, la única persona en el mundo a la que jamás debería dañar nada mientras Scary Manson viviese.

-¡NO! ¡ÉL NO!-chilló con una atronadora y desesperada voz nunca vista en él.

Acompañada de un gesto de terror que contraía su rostro, como si estuviese presenciando en tercera persona su propia muerte, observó como la bala atravesaba piel y músculos, internándose en el costado de Ángel, quien trastabilló hasta caer de espaldas al suelo.

-El no...-soltó autómata y muy lejos de su cuerpo, al ver a su ángel tendido en el suelo.

No pensó, simplemente actuó, pues bien conocía el instrumental y poder que Saddler esgrimía para su propia defensa.

En un simple paso, tan extenso y veloz como el de una gacela, Scary cayó de rodillas ante el cuerpo inerte de Ángel, más angustiado de lo que hubiese estado nunca. Tanto que para él esa opresiva sensación en el corazón era nueva, nunca antes había sentido esa preocupación por nadie, esa necesidad de mantener vivo a alguien por mucho que le costase.

-No... mi ángel no... por favor...-rezó para sí mismo sin escuchar ni ver nada más que el costado del chico, al cual llegó tras desgarrar con sus propias manos la camisa.

Presa del pánico, soltó un gruñido de horror al ver el efecto que estaba sucediéndose en la herida. Asemejando a una fuente de plata, del agujero de bala no manaba sangre, sino un gélido acero fundido que iba extendiéndose por el costado del muchacho y trepando por su espalda, dibujando extrañas formas al son de un metálico sonido.

-Tranquilo mi ángel... estoy aquí... y no voy a dejar que...-lanzó una mirada llameante a Saddler, que estaba retorciéndose en el suelo-...que te pase nada...-gimoteó..

Cerrando los ojos, y por primera vez en su vida sintiendo reparos al introducir sus manos en la carne humana, Scary sumergió los dedos en la herida, rebuscando durante unos instantes en los que el asesino casi sintió el dolor de Ángel, notando los músculos heridos contrayéndose, una clara señal del mal que debía estar experimentando el rubio.

Mordiéndose el labio, nervioso y viendo como el metal iba extendiéndose conquistando la espalda de su ángel, sintió como su uña tocaba algo duro y tintineante.

Actuando sin meditar, clavó con fuerza la garra, extrayendo el objeto del interior de la carne y sosteniéndolo ante sus feroces ojos durante un segundo.

Delante de su mirada el balín de acero científico humeaba peligrosamente ensartado en la uña, empezando a derramar su veneno sobre el dedo del muchacho, quien sacudió su mano, desclavando el proyectil y lanzándolo al suelo.

Scary recogió a Ángel entre sus brazos, casi histérico pero con la mirada aún serena y apacible, como un artista dirigiéndose a su público, listo para darle una dolorosa noticia.

-Mi Ángel... perdóname... todo esto es culpa mía...-dijo, reteniendo su espalda, extrañamente fría, con un brazo, y sujetando su rostro con la mano a dos centímetros del suyo propio.

En la mirada que intercambió Scary con Ángel se podía vislumbrar claramente que no solo sentía lo que acababa de pasar, sino que si hacía falta le daría al rubio toda su sangre y todos sus órganos para que se restableciese. Que ni una ni cien balas de aquel mismo estúpido material les separaría, que aunque fuese convertidos en estatuas de metal seguirían juntos.

Apoyó mansamente la barbilla en el hombro del rubio con los ojos cerrados, pegándose totalmente a él y abrazándole con fuerza, ambos arrodillados en el suelo.

-Muérdeme Ángel...-pidió tenuemente-...¡AHORA!-chilló impaciente, un segundo después-...ahora, por favor, no puedo perderte...-y, finalmente, sintió los colmillos de su ángel agujerear su fría piel y empezar a succionar sangre.

Nublando los ojos por el placer del dolor y de la sensación de los labios de su adorado ángel sobre su cuello, Scary comenzó a tocar con su mano una especie de placa metálica que se veía adherida a la piel de Ángel, como si la carne se hubiese convertido en una zona específica de su espalda en plata pura.

Unos pocos segundos tardó en darse cuenta de que ese pequeño efecto secundario de la bala de Saddler había adquirido la forma de una especie de Ala.

No, Scary, sintiéndose vaciar de energía por el rubio, tenía ahora más que claro que eso era una señal de Dios, de su Dios cristiano, redentor y sabio, que había dejado sobre la espalda del hombre al que amaba la clara señal de que Ángel era el perfecto para Scary, de que no había nadie más que encajase tan bien con el gótico como el rubio.

De que ambos eran ángeles, ángeles volando unidos hacia un mismo horizonte, pensó recitando mentalmente la Biblia.

Ángel se separó de su cuello, respirando ruidosamente pero ya visiblemente más recuperado. Scary se incorporó frente a él, sonriente y adormilado por la visión de su rostro, o tal vez por la gran perdida de sangre.

-¿Te encuentras mejor mi ángel?...-empezó a subir lentamente sus manos por el torso del rubio, trepando hacia su cuello-...tú por mí... y yo por t...-se calló de golpe al observar sus manos sujetando suavemente el rostro de Ángel, abriendo mucho los ojos y emitiendo un grito ahogado.

La mano derecha, con la que empuñaba su puñal, estaba como siempre, blanca y suave como el mármol, cubriendo con su palma ese lado de la cara de Ángel en una tierna caricia. Pero la otra se veía extrañamente cambiada, la mano izquierda que tomaba la mejilla derecha del rubio parecía cubierta por un fino y resplandeciente guante de plata.

Scary separó rápidamente esa mano de la piel del chico, temiendo que aún pudiese ser venenosa, y la examinó en alto mientras que su mano humana reposaba sobre el hombro de Ángel.

-¿Qué...?-se preguntó a si mismo, mirando incrédulo las uñas, afiladas como cuchillas y ahora tan resistentes como tales.

Parpadeó dos veces, viendo como la piel de su mano le devolvía el gesto en forma de reflejo, y casi sin saber por qué, sonrió-...Mmm... qué preciosa mano de plata... como la mano de la justicia... ¿No os parece?... realmente...-musitó él solo hablando tanto a Ángel como a Saddler.

El veneno no parecía avanzar ni causar mayores estragos.

Solamente había convertido una parte del cuerpo de Scary en platino. Se irguió cual demonio tomado por su locura, sonriendo con la cabeza ladeada y con el siniestro tic de su ojo atacando de nuevo hacia el científico.

Se giró de pie hacia Ángel.

-Te ha crecido un ala preciosa mi ángel de fuego... Dios es sabio, solo te ha otorgado una... ¿Sabes por qué?...-hizo una pequeña reverencia, acercando su mirada a la de Ángel como si quisiese revelarle un secreto-...por que la otra soy yo...-sentenció, soltando una lúgubre risilla.

Terminó de agacharse, sujetando con su mano, una de carne y otra de plata, los hombros de Ángel hasta unirse a sus labios, apresándolos en otro nuevo beso de amor y casi excitación desatados. Pero consciente de que tras él un saco de carne (y grasa, véase "un viejo gordo y cabrón") estaba ahogándose con sus propios fluidos, se separó antes de lo que le habría gustado, dando un sensual lametón a su boca antes de dejarla.

-Te amo...-repitió una vez más con los ojos cerrados y una gran sonrisa.

Dio media vuelta brazos extendidos.

-¡Saddler! Me sorprendes...-dijo empezando a caminar elegantemente hacia él con el puñal en la mano-...Me capturas...-tic en el ojo-...me torturas...-torció la boca hacia abajo en un gesto perturbado mientras sacudía un hombro, ya casi a un metro de distancia del anciano-...me insultas e intentas confundir...-llegó finalmente a él pisando con pisadas casi sísmicas-...Y LE HACES DAÑO A MI ÁNGEL-vociferó a su lado descomponiendo la cara, estirándose con el puño de metal en alto.

Sin mediar palabra, disparó el puño desde la altura que su cuerpo totalmente estirado le permitía hacia abajo, rasgando el aire y aplastando literalmente la cara del anciano con sus nudillos de hierro. Scary sintió placentero el hueso de su cráneo partirse por la mitad lo suficiente como para hacer que dejase casi de pensar por el dolor, pero no tanto como para que muriese.

-Puño de acero... Oh... Dios... aún no sé por qué me amas tanto...-susurró para si mismo, rodeando la cintura de Saddler con sus piernas, viéndole ahora completamente bajo sí-...Mi...¡Mi Ángel! Pero... ¿Cómo has podido?... es qu...es qué...-soltó una sonora risotada, llevándose la mano a la frente-...yo...yo...no puedo creérmelo...de todo cuanto me han hecho en mi vida...mi vida... tú... cielo santo... has hech... hecho lo peor... lo que más podría....-paró violentamente-...¡¿LE ESTÁIS VIENDO?!...-bramó a los "estrados" de las paredes, llenos de ángeles y demonios que le miraban señalando a Saddler.

Los ángeles y demonios concentraron sus miradas en Scary, torvas e inflexibles.

-"Culpable"-sentenciaron todos ellos.

-¡Por supuesto!-afirmó, asintiendo-¡Culpable! -se volvió hacia Saddler con los ojos desorbitados- Y todo culpable merece un castigo...-se giró a la oscuridad-...¿Y cual es el castigo por dañar a un ángel?

-"La Muerte"-respondieron los jueces y senados.

-La Muerte...-susurró, agachándose ante el anciano y tomando su muñeca con una mano-...Según las antiguas escrituras, cuando un pecador ha cometido un delito, se le extirpa el órgano con el que lo haya llevado a cabo... esta mano está sucia...-sin más, hundió la hoja horizontalmente en la muñeca hasta llegar al otro lado.

Arrancándole a huesos y tendones un repugnante sonido, la mano acabó por desprenderse del brazo totalmente amputada por el puñal.

Se sentó sobre sus rodillas, mirándole sonriente con su propia mano bien sujeta y en alto.

-¡Hola Saddler!-saludó agitando cómicamente la extremidad. Tras carcajearse sonoramente, lanzó la mano hacia una pantalla, donde chocó ensanrgentándola y resbalando después al suelo, dibujando una profusa raya roja por el cristal.

-¿Quieres que te dé las gracias mi viejo amigo?...-dijo acariciando con sus dedos de plata la hoja de su puñal.

Lanzando al aire una especie de carcajada llena de odio, levantó el puñal sobre su propia cabeza.

-Gracias...-lo lanzó, clavándolo en su estómago con saña y haciendo que la piel estallase en sangre. Hundió la hoja hasta la empuñadura notando la carne del viejo retorcerse en el instrumento-...gracias...-lo desclavó con rapidez, volviendo a alzarlo y, una vez más, hincandolo en su torso con toda la fuerza de su brazo-...gracias...-murmuró, ojos en blanco por el placer. Como accionando una palanca, Scary subió el cuchillo por el estómago de Saddler, cortando carne y tela hasta abrir una raya vertical típica de una autopsia en su cuerpo, internando pletórico las manos en la abertura del científico y jugueteando con los órganos.

De un fuerte tirón extrajo en su mano plateada, totalmente bañada en sangre, un gran pedazo de carne y órganos mezclados y chorreando.

-¿Quieres que me lo coma?...¿Te gustaría que Scary Manson se comiese tus entrañas?...-le preguntó jadeante como una hiena y entrecerrando su ojo con nerviosismo, fijo en los, ya casi totalmente muertos, ojos de Víctor.

Despectivamente lanzó el amasijo de órganos al suelo, donde chocó y resbaló con un repugnante ruido de succión-...Se que sí, pero lamento desilusionarte mi querido Víctor-se agachó un poco, girando la cara del viejo hacia Ángel, a unos metros-...mírale bien... él será el que disfrute mi perfección... a él le demostraré a partir de ahora cuanto valgo... y cuanto soy capaz de hacer, oh, por supuesto el amor es una motivación superior a unas excelentes calificaciones científicas ¿No te parece Víctor?... él es mi aliento...solo bebo sangre de ángel...-dijo bien alto, ilusionado con la idea de que Ángel se sintiese orgulloso.

Ya de vuelta en el rostro de Saddler, Scary presionó con fuerza su mecánica extremidad en torno a la mandíbula del anciano, triturándola en sus dedos con un grotesco crujido, como algo duro pero flexible que se desencaja de su soporte.

Allí, con las manos ensuciadas una vez más de una sangre realmente asquerosa, Scary estaba gozando como un pequeño (un pequeño torturador, pero aún así un pequeño) de su venganza. Su venganza por haberse atrevido siquiera a haber intentado hacerle daño a su resplandeciente guardián, a la persona que tenía acceso a todos sus sentimientos, a aquel en definitiva a quien no podía perder.

"Sigue pensando en él Gabriel... sigue pensando en tu ángel..." caviló en su enferma mente, soñador, con la mandíbula destrozada de Saddler resbalando por su mano y, aún así, haciéndose el hombre mas hermoso del mundo en ese segundo, tan solo por estar pensando en aquello que él llamaba "su ángel".

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Ángel G. Evans

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MensajeTema: Re: Cerebro del Centro de Investigación Neuronal   Lun Sep 29, 2008 9:39 pm

Siguió besando el cuello de su ángel, de aquella persona única e irremplazable en su vida, mientras lo abrazaba con fuerza, escuchando de fondo los gemidos de dolor del viejo moribundo, pero sin prestarle la menor atención, centrándose en todo a lo que Scary se refería.

Pero el gótico tenía una cosa por terminar y tuvieron que separarse, y casi mejor así y poder marcharse cuanto antes de ese asqueroso lugar. Lo que él hiciese con Scary, entre ellos dos debía de quedarse. Nadie, y muchísimo menos aquel repugnante señor de traje negro y bata blanca, tenía derecho a verlos demostrarse su amor.

Devolvió aquel pequeño y fugaz beso, dejando que el otro se marchase de entre sus brazos, pero teniendo muy seguro que en apenas (si es que aguantaba) veinte minutos, estuviese o no terminado el trabajo, lo volvería a coger para no soltarlo siquiera para respirar.

Se quedó con la vista clavada en su cuerpo, examinando con media sonrisa todos y cada uno de los movimientos de su ángel. Y tan absorto llegó a quedarse, que se olvidó de todo lo que le rodeaba, sin llegar a ver los movimientos de Saddler, el cual estaba revolviéndose el suelo, sacando algo de entre los bolsillos.

Sin más, y sin darse cuenta de nada, escuchó un disparo, los gritos de Scary y como algo le golpeaba en el costado, haciéndolo trastabillar y, finalmente, caer.

Por unos segundos sintió como se le cortaba la respiración y le ardía la piel, recuperándola poco a poco, costándole Dios y ayuda el poder hacerlo con, más o menos, regularidad, y aún así, visiblemente en mal estado.

Aquello sucedió demasiado rápido. De repente tenía a Scary sobre él, mirándole angustiado, y el dolor que antes sufría quedó reducido a nada al sentir la mirada del hombre al que amaba clavada en su cuerpo de tal manera. Digamos que le dolía más el dolor que estaba sintiendo Scary al verlo así, que el experimentaba él mismo en esos momentos.

-M… mi ángel –gimió casi sin voz, con los ojos clavados en los del gótico, que bailaban inquietos de su herida a Saddler y de Saddler a su herida. Asintió sin fuerza cuando prometió que no le pasaría nada, creyendo que no sería así.

Gimió, esta vez de una forma bastante audible, cuando sintió los dedos de Scary revolotear en su interior, abriéndole aún más la herida, sintiendo el frío tacto de algo metálico, algo que comenzaba a salir a cantidades alarmantes de su interior, pero a su pesar, recorriéndole la mayor parte del líquido e introduciéndose en sus órganos.

No quería gritar, eso supondría preocupar más a Scary, y lo último que quería era verlo aún más decepcionado. Tal vez creyese que Ángel era más fuerte, y acababa de demostrarle que no era así. Y tal vez el dolor que el muchacho sentía era por ver al rubio tirado en el suelo, descubriendo que se había enamorado de alguien infinitamente inferior a él.

A Scary no podía frenarle una bala, eso podía tenerlo por seguro, pero a Ángel…

Cerró los ojos con fuerza, sintiendo aún la mano de Scary escarbar en su interior, dispuesto a no chillar, a no demostrarle que era tan débil como podía llegar a pensar de verlo así. Que no iba a dar muestras de dolor, que se iba a poner bien y recuperaría la energía, y que saldrían juntos de aquel sitio si así lo quería el gótico.

Finalmente, notó como salía de su interior la mano de Scary, sintiéndose infinitamente mejor, como si acabasen de quitarle algo de un material pesado y gélido que se le había quedado clavado dentro. Abrió los ojos, cristalinos, clavándolos en los de su ángel, que miraba asqueado la bala que acababa de sacarle.

Antes de que pudiese darse cuenta de algo más (aún estaba bastante aturdido), Scary lo recogió del suelo, haciendo que se fundiesen en un abrazo que Ángel no pudo devolver con todo el ímpetu que quería.

Escondió el rostro en el cuello de Scary, negando con la cabeza y dejando un pequeño beso allí –No pasa nada, no ha sido culpa tuya, mi ángel –susurró, envolviendo él también al gótico, pero sin fuerzas con las que poder apresarlo.

-No –volvió a negar contra el cuello de Scary, con el ceño fruncido –No quiero hacerlo –respondió a la petición del otro. Bastante acababa de hacer su ángel por él sacándole la bala, cosa que, como ya había dicho antes, no había sido culpa suya.

El grito no lo alteró lo más mínimo, aunque sí le dolió lo que dijo a continuación. Y no iba a permitir que uno no cumpliese su promesa de amor eterno si ambos lo querían, y menos cuando lo que lo estaba haciendo era algo tan miserable como aquel hombre que se había atrevido a hacer daño a Scary a través de él. Ya no importaba lo que le doliese a Ángel el balazo, sino el dolor que se veía obligado a soportar su pareja.

Se incorporó lo justo para poder alcanzar su cuello, rozándolo antes con sus labios, a modo de beso, y clavando segundos después sus colmillos en él, empezando a chupar como si con ello pudiese recuperar toda la energía que había perdido, que realmente, así era.

Cerró los ojos, disfrutando del sabor y el olor de la sangre de la persona a la que amaba llenarle por completo, sintiendo como le invadía y volvía el calor que la bala de Saddler le había hecho dejar de sentir.

Terminó por separarse al cabo de unos minutos, aún con la respiración algo agitada y cansado, pero ya encontrándose bastante mejor gracias a la sangre de Scary. –Sí –susurró agradecido, cerrando los ojos y queriendo respirar con calma mientras recibía las caricias del gótico.

Y abrió los ojos a una para toparse con una resplandeciente mano metálica, sustituyendo la de carne y hueso que antes tenía. A pesar de la sonrisa de Scary, le invadió el sentimiento de la culpa al pensar que eso le había pasado por sacarle la bala, y que de no haberlo hecho, seguiría teniendo la mano como hasta ahora.

-Yo… lo sient… -dejó la frase interrumpida al escuchar que Scary hablaba, admitiendo que aquella mano era preciosa. Parecía no importarle el hecho de que ahora tuviese una mano bañada en acero, así que prefirió no seguir con eso, ya se disculparía más adelante, ahora prefería que acabase de una vez por todas con aquello y pudiesen marcharse al fin a casa.

Sonrió con aquel último “te amo” tras ese beso con el que casi se deja toda la energía recuperada, incorporándose para poder llegar a él –Con locura, mi ángel –terminó por él con sus labios aún prácticamente pegados.

El resto de la tarea prefirió pasarla sin mirar el asesinato de aquel hombre, aunque cierto era que no tenía ninguna clase de sentimientos ni reparos en que acabase con él. En realidad, mejor para ellos.

Aún así no quiso ser testigo de cómo su ángel se ensuciaba las manos de la asquerosa sangre de aquel perturbado, y se quedó en el suelo de la clínica, mirando el metal líquido derramado de su herida. Torció el gesto, ya debía de ser aquel hombre un humano asquerosamente poderoso y retorcido como para poder inventar (y lo peor, atacar con ello) algo así.

Levantó la vista por primera vez tras haberse caído, observando a Scary ensañarse co el cadáver del viejo. Se levantó con algo de esfuerzo y anduvo hasta donde se encontraba, apoyándose en su espalda, ignorando el muerto y el olor a sangre, y atándose a su cuello desde detrás.

-Ya está muerto mi ángel, vámonos –pidió con voz tenue, observando la marca que sus colmillos acababan de dejar en su cuello, y depositando un pequeño beso en él.
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MensajeTema: Re: Cerebro del Centro de Investigación Neuronal   Mar Sep 30, 2008 2:37 pm

La mandíbula de Saddler cayó al suelo desde su mano con un sordo y pastoso ruido de salpicadura. ¿Ya tan rápido? ¿Aquel espectáculo de luz negra, murciélagos, serpientes y cuervos había terminado por fin? ¿Tan pronto había dejado Víctor de latir? Qué decepcionante se le hizo que aquel que había separado a dos ángeles hubiese caído al vacío de una forma tan rápida, sin darle ni siquiera un poco de juego.

Scary le observó unos segundos desde su posición, sentado sobre su cintura con una media sonrisa, con la media sonrisa con la que un hijo observaría a su padre, agotado, tras un juego especialmente sufrido. Que así fuese, pues. Si Dios había tenido a bien llevarse al científico antes de que Scary pudiese, aunque solo fuese unos segundos más, recrearse un poco en el delicioso placer que suponía el matar, no ocurría nada. Manson aceptaría las ordenes de Dios todopoderoso, fuesen cuales fuesen. ¡Oh! De pronto unos labios dejaron un beso en su piel. ¡Era su ángel! ¡Su ángel envolviendo su frío y muerto cuello una vez más! Instintivamente echo atrás la cabeza, apoyándola y acariciando el hombro del rubio con su pelo con su sonrisa aún más acrecentada.

-Por supueeeesto...-susurró con una voz jadeante e intoxicada-...Un Padre Nuestro por la muerte de mi padre...-estiró la mano de mármol y hueso, dejando la de metal sobre la pierna de Ángel.

Ensangrentada la primera, quedó suspendida sobre el rostro del anciano, temblorosa-...Un brindis... por su partida junto a mi Señor...-la bajó, acariciando los parpados del hombre hasta cerrarlos-...Y, sin que sirva de precedente, un "Perdón"...-clavó las uñas en los ojos cerrados, inundando las cuencas de una sangre negruzca que resbaló por las mejillas del cadáver-...Yo...te perdono... por no haber sabido estar a mi altura... Pero creo que es hora de presentar mis respetos a un hombre que ha sabido respirar una última vez y que se ha mantenido estoico en su juicio...-se giró hacia Ángel, como haciéndole cómplice de su macabra retahíla-...Me acusarán de asesinato, mi ángel... La palabra de moda estos días... ¿No te parece?-tic en el ojo, solo que mucho mas violento y grotesco, al sentir los labios de su ángel acariciando su cuello.

Ahora ya si podían irse. Ahora que los votos típicos de funeral habían sido expuestos ante el velado. Honor, más que nada, el honor suficiente que un hombre con el alma ennegrecida y envuelta por humo debe mostrar ante un muerto. Ante un fardo sin vida, todos los funerales eran bellos, pero si la víctima era de Scary, lo eran mucho más, y más sangrientos. Y curiosos, recordó, por que generalmente en los funerales de víctimas de Scary Manson, el ataúd sieeeeeeeeempre estaba cerrado para resguardar la salud mental de la familia.

Comenzó a levantarse en los brazos de Ángel y llevándoselo en su ascenso. Y una vez arriba, giró envolviendo la cintura del chico con los suyos, acercando el rostro hasta el del rubio en un suave roce de sus labios. Su cara estaba totalmente cambiada, ya no había tics, ni labios torcidos hacia abajo; Scary volvía a ser una especie de hermoso y fantasmagórico dragón humano. Sereno, artista y tranquilizador. Como si esos besos hubiesen apartado al maníaco asesino atrayendo de nuevo al amante.

-Siento que hayas tenido que ver todo esto, no siento las secuelas... por supuesto... creo que son preciosas, la última pincelada a la obra de arte que supones...-acarició la plata en la espalda de Ángel con su mano de mismo material, sacando un fino siseo parecido al de una copa acariciada en sus bordes por un dedo-...Mmmm... qué armonioso sonido...-susurró, devorando de pronto los labios de su ángel con todas sus fuerzas y con la inmensa pasión que despertaba en el gótico, desenfrenada y deseosa.

Suspirando agitado elevó una mano hasta hundirla en su pelo sin otra intención de no solo acariciarlo y perder los dedos en él, sino de atraerle más a sus labios para poder besarle mejor, para poder internarse más profundamente en su boca y saborearla con mayor goce. Sentía la vida salir del aire de Ángel y entrar en sus pulmones usando aquel ardiente beso como puente, y al sentirlo Scary entre abrió unos ojos en blanco, descompuestos por la euforia, cerrándolos de nuevo a los pocos segundos.

-Hoy también voy a hacer que mi ángel muera... pero de placer...-gimió roncamente, elevando la mano por la parte viva de su espalda con verdadero deseo físico y sentimental, enamorado de hasta el más mínimo trazo de aquella piel-...mi ángel, no quiero seguir en este tétrico ambiente de hospital...-enfundó el cuchillo con el rubio aún en sus manos-...Sería muy poco romántico que dos ángeles se devorasen vivos bajo unos focos de tanatorio, y con ese saco mirando...-puso los ojos en blanco, apuntando con la cabeza al cadáver. Oh, si, los muertos aún miran, hay que tener cuidado con ellos.

-Mi Ángel...-repitió, descendiendo los besos por el cuello y el pecho mientras le sujetaba con fuerza por la espalda, deseoso de percibir cada vibración de placer del cuerpo de Ángel contra el suyo. Los besos eran casi mordiscos fieros y hambrientos, en los que clavaba un poco los colmillos, intentando mantener la mente fría para no clavarlos y comérselo de verdad, y de tanto en cuando olisqueaba el aroma natural del chico, grabándolo en su cerebro con la esperanza de no oler nunca nada más-Te amo demasiado, te necesito para poder vivir, y te adoro de una forma que se escapa a la razón... Que tampoco es que me caracterice por tener demasiada...-corrigió con la carne de ángel contra sus labios-...Ah, pero qué más dará...-se irguió ante Ángel, intentando conseguir la pose más orgullosa y oscuramente angelical posible-...Andando, Saddler está empezando a descomponerse y a adquirir la textura física de un flan, y apesta. Además me apetece estar tumbado contigo-puntualizó tras unos segundos, pero de forma un tanto cortante y seca, como si no admitiese más replicas de niño pequeño.

Se colgó del hombro del rubio mientras acariciaba su mejilla con la nariz en una leve sonrisa, empezando a caminar hacia la salida. La aventura en la que Scary iba por un lado y Ángel por otro había terminado de una santa vez por todas, y de la forma mas preciosa que puede tener una aventura para concluir. Sangre, muerte, vísceras, sonidos de huesos estallando, versos de biblia y amor. Para qué pedir más.

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MensajeTema: Re: Cerebro del Centro de Investigación Neuronal   Dom Oct 12, 2008 6:59 pm

Abrazando desde detrás a Scary, terminó por apoyar la barbilla en su hombro y por observar aquel último adiós que le brindaba al viejo Saddler. Cuando adivinó lo que iba a hacer, escondió el rostro en el cuello del gótico justo a tiempo para no ver cómo se le llenaban las cuencas de sangre y hundía las uñas en los párpados.

Le hacía gracia. Ángel no había escondido el rostro en el cuello de la persona a la que amaba por que hubiese sangre (para eso estaba ahora él…), o porque se estuviese ensañando con su cadáver hasta destrozarlo. No, lo que realmente le había impulsado a esconderlo era el asco que le daba el mirar la cara de esa persona que había hecho que se separasen y que había hecho sufrir a miles de personas, entre ellas, Scary.

Aprovechando la cercanía de sus labios a la piel de éste, volvió a dejar pequeños y suaves besos en su cuello y hombro, olvidándose de todo lo que les rodeaba y centrándose únicamente en él y en su cuerpo, envolviendo en besos a todo aquello que alcanzaba.

Dejó un último beso antes de que se girase, algo más intenso que los demás, y observó el rostro de su ángel, aún con huellas de la locura que se había apoderado de él a la hora de acabar con Saddler, pero aún así hermoso.

-Prométeme que no nos volverán a separar –pidió al escuchar lo que dijo –Es lo único que necesito –volvió a pedir tenuemente a la vez que Scary le levantaba. Ahora sí, había desaparecido cualquier rastro del asesino y había vuelto su pasional ángel, envolviéndolo una vez más con sus brazos, los cuales recorrió Ángel con una fuerte caricia hasta terminar sobre sus hombros, cruzándolos tras su cuello.

Sentía curiosidad por saber qué clase de secuela le había dejado la bala de Saddler en la espalda. Antes Scary había mencionado algo de unas alas, ahora que eran la última pincelada que terminaba una obra maestra.

-Te las regalo –dijo con una pequeña sonrisa a la vez que se acercaba más a sus labios –El ángel ya es tuyo, que también lo sean sus alas –terminó mientras sentía la caricia de su mano férrea sobre su supuesta ala, suspirando.

Se encontró por sorpresa los labios de Scary devorando los suyos, pero enseguida comenzó él también a comer de los suyos con un ansia desenfrenada, cerrando más sus brazos en torno a su cuello mientras sentía los dedos del gótico enredarse entre su pelo, haciendo que la poca razón que le podía quedar mientras sentía los besos de Scary, terminase por desaparecer del todo.

-Estoy deseando que acabes conmigo entonces –gimió él también, cerrando los ojos y disfrutando de la intensa caricia que le daba mientras se mordía el labio inferior, deseando volver a sentir todo el cuerpo de Scary envolviendo el suyo, y viceversa.

Hundió los dedos entre el pelo negro del gótico, perdiéndolos y enredándolos mientras lo masajeaba a la vez que sentía todos esos besos por su cuello y pecho. Intensos besos en los que sentía los peligrosísimos comillos de Scary sin otra función más que la de hacerle perder la cabeza.

-Yo a… a ti… tam-bién te a… te amo –consiguió decir entre suspiro y suspiro provocado por el placer de los besos que su ángel le regalaba.

-Yo a ti también te amo –repitió, ahora sí con voz clara y serena, mirando aquellos ojos en los que se perdía, y de los cuales se había enamorado como jamás lo había hecho.

Con un último beso en los labios, dejó que se apoyase en su hombro, comenzando a caminar con la intención de marcharse de aquel deprimente lugar y poder tumbarse uno junto al cuerpo del otro, y dormir al fin.

Sonrió ante el simple hecho de imaginarse despertando a su lado, y que nada más abrir los ojos pudiese encontrarse con lo que más quería en el mundo. Lo amaba, eso estaba más que claro, y él amaba a Ángel, tanto, que por salvar la vida del rubio había perdido una mano, enfundando la de carne y hueso en un fino pero férreo guante de plata adherido a su piel.

Desvió la mirada del frente para volver a clavarla en el rostro de Scary, sonriendo aún más. Se detuvo a escasos metros de la puerta del psiquiátrico, agarrando al gótico por los hombros y conduciéndolo con suavidad hasta la pared, pegándolo a la superficie mientras lo miraba seductor, y con el deseo bien patente en su mirada.

-Mi ángel, no me aguanto hasta llegar a casa –confesó en un susurro, medio escondiendo su rostro entre la piel de Scary, como un secreto que solo pudiese serle confesado a él -¿Y si te como aquí mismo… -preguntó lanzando el aliento directamente a su oreja, rozándola con los labios -… qué harás?
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MensajeTema: Re: Cerebro del Centro de Investigación Neuronal   Mar Oct 14, 2008 1:40 pm

Caminaba en calma, tranquilo, ceremonial, en paz con la tierra que pisaba, como parte de ella. Él ya no estaba enfermo, para nada, le habían curado. Un ángel le había curado con su sangre, una sangre deliciosa que ahora corría por sus frías venas. Sonrió casi imperceptiblemente al imaginar el poder verse en una cama, con su ángel en los brazos, durmiendo, mientras el gótico le observaba en su dormir sin mostrar ningún gesto, pero sintiendo mil emociones al mismo tiempo. Protegiéndole de todo, queriendo reducirse Scary a su único mundo, a todo lo que Ángel pudiese sentir. Solo él, su cuerpo, su mente, y nada más, a partir de ese momento su ángel no volvería a correr peligro, ya que el gótico ni durmiendo el rubio le dejaría de proteger. Como un ángel caído que espera entre las nubes a descender espada en mano a la defensa del gemelo de luz al que ama.

Levantó la mano de plata hasta la altura del estómago mientras caminaba, observándola y recibiendo a cambio su misma mirada. El propio Scary se atemorizó un poco al observar aquellos dos ojos rojos, faltos de piedad y llenos de ferocidad atenazándole desde la palma de su mano. La volvió a cerrar con un siseo metálico, retomando el camino.

De pronto volvió a sentirse envuelto por las alas de su ángel. Que no le engañasen, en otras personas, en las vulgares, asquerosas y groseras personas, esas cosas que colgaban de los hombros con dedos al final eran "brazos". Pero en su ángel eso eran preciosas alas, alas que llevaban a Manson al mismo cielo con cada roce. Gimió como un fiero dragón, en bajo, ante las caricias y besos de Ángel sobre su cuello, despertando en el acto el deseo del gótico. El tampoco aguantaba ni un segundo más a ser salvaje, a dejar volar su pasión y a transformarse en una oscura bestia una vez más, a la caza del otro.

-Empezar a pensar que lo mío es contagioso -respondió juguetón, con una sonrisa malvada en el rostro. Hundió lentamente las manos en la espalda de Ángel, recorriéndola por completo mientras el otro le cubría de besos y pequeños mordiscos. Scary abrió mucho la boca ante un fuerte beso sobre su pecho, sin llegar a emitir ningún sonido, pero mostrando a las alturas dos colmillos del tamaño de puñales.

Aquello fue demasiado. No, sin duda, el gótico tampoco se aguantaba. Y era elegante, si, todo era elegancia, donaire y baile, hasta que a uno le colmaban la paciencia. En el idioma de los que no han conocido el noble arte de la poesía; "hasta que le tocaban los cojones". Llevaba demasiado tiempo sin su ángel, y ahora iba a resarcirse de todo. De absolutamente todo. Sujetó a Ángel del cuello con fuerza, sin medirla siquiera, el otro era un vampiro, así que no se ahogaría.

-¿Así que los dos ángeles van a devorarse el uno al otro? Qué poético, permíteme empezar -recitó contra sus labios, aún sujetándole por el cuello, antes de lanzarse literalmente a por ellos. El beso que le propinó a Ángel fue de los más hambrientos y pasionales que le hubiese dado nunca, en el que prácticamente succionaba su boca, lamía los colmillos de su ángel y usaba los suyos propios para arañar sus labios. Exploró con su lengua toda la boca del otro ya con la suficiente confianza de quien examina algo ya muy conocido, pero con un ansia que nunca se agotaba.

Pasó los segundos siguientes convirtiendo la presión en su cuello en una tenue caricia hecha con las yemas de los dedos, mientras relamía la sangre que sus colmillos habían dejado en la boca de Ángel, pequeñas heridas que parecían hechas por agujas, hasta que divisó una puerta al fondo. Lanzó una mirada a Ángel, sonriente, sujetándole de nuevo con fuerza, esta vez por el brazo, y tirando de él hacia ella.

Entraron de golpe, cerrando Scary la puerta de una patada y atrancándola con un par de barras de hierro que había allí. Era una especie de Archivo, lleno de libros y tomos que sin duda estaría lleno de los nombres de cientos de miles de desgraciados bajo las garras de Saddler. Que el Demonio le tenga en su seno, a todo esto.

Estampó a Ángel contra la pared, gimiendo roncamente, y de un tirón comenzó a bajarse los pantalones al mismo tiempo que bajaba los suyos. Se pegó a él al completo, devorando a besos su cuello mientras la mano plateaba se hundía en su pelo, y la otra se aferraba fuertemente a su espalda, atrayéndole hacia él. Encajó su cuerpo entre las piernas de Ángel, elevando una contra su cintura y sujetándola con su otro brazo, quedando el uno totalmente acoplado al otro.

-Cómeme mi ángel, quiero sentir tus dientes, quiero sentirte a ti...-murmuró, trazando después una linea recta con su lengua por el pecho del otro, jadeante de puro deseo, mientras ya empezaba a moverse hacia él.

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MensajeTema: Re: Cerebro del Centro de Investigación Neuronal   Sáb Oct 18, 2008 1:55 pm



Suspiró cuando sintió la mano de Scary recorrerle la espalda, hundiendo más el rostro en su cuello y comenzando a mordisquearlo, clavando en él sus colmillos, casi sin darse cuenta de que podía hacerle daño, pero sin llegar a hundirlos.

Sintió la mano del gótico aferrarse a su cuello con fuerza, haciendo que la levantara y que lo mirase, separándole de la piel de Scary, cosa que le hizo fruncir el ceño. –Ah, pues empiez… -No pudo terminar de hablar puesto que el otro se abalanzó a devorarle lo más literalmente posible.

Hundió una mano en la melena oscura del otro, mientras que la otra fue dirigida a su cadera, pegándolo más a él a la vez que le devoraba con la misma pasión con la que lo hacía Scary, casi mordiéndole con los labios por la fuerza del beso. Sintió como dos finas agujas se le clavaban en ellos, haciendo que se le llenasen de sangre.

Se pegó más aún a él mientras que se bebía la sangre que él mismo había provocado en la boca de Ángel, pero sin detener el beso en ningún momento. O al menos por su parte, porque el gótico no tardó en apartarse.

Sin saber hacia donde (y sin importarle lo más mínimo, simplemente mientras fuese con él de la mano iría al fin del mundo si hacía falta), comenzó a andar tras Scary, arrastrado por un brazo y aproximándose a una habitación, a la cual entraron de golpe. Le impresionó el lugar: un espacio más bien grande, cerrado, y con cientos de estanterías una detrás de otra. Pudo imaginarse qué clase de lugar sería, suponía que en los estantes se guardaban todos los expedientes médicos de todas las personas que habían pasado por el centro, todas ellas, suponía Ángel, atendidas por Saddler. Pobres y desgraciadas criaturas…

Sin esperárselo, y con la imagen aún de todas esas estanterías llenas de las vidas muertas de miles de personas, sintió como lo empujaban y lo acorralaban contra la pared, sintiendo también la inconfundible piel de Scary acompañándolo.

Dejó que le bajase los pantalones, quedando ya ambos completamente desnudos, listos para volver a devorarse otra vez y hambriento de ese cuerpo que hacía horas no probaba. Demasiadas. Y muchas más que le parecían al haber estado sin él.

Echó la cabeza hacia atrás, gimiendo mientras sentía los pasionales besos de su ángel en su cuello, y deslizando las manos por su espalda en una pasional caricia, hasta llegar a su trasero, dejándolas ahí y empujando a Scary contra sí, queriendo sentirlo todo lo pegado a él que pudiese.

Alzó una pierna, enroscándola en torno a su cintura y subiendo sus manos hasta dejarlas en su nuca y hombro, mirando al frente pero sin ver nada mientras seguía sintiendo los besos que su ángel dejaba en su piel.

Gimió al sentir la lengua de Scary en su pecho, sus movimientos, sus palabras…. Todo. Era un cúmulo de sensaciones que unidas a la pasión del momento le hacía perder la cabeza. Tanto era así que le agarró el rostro, levantándolo y dejándolo a la altura del propio, pero sin darle de margen siquiera dos segundos para reaccionar, puesto que se abalanzó a por él, continuando el beso que habían dejado a medias en el pasillo, siendo de la misma intensidad y pasión que el otro, si no lo era más.

Jadeando, se separó de sus labios, comenzando a descender a paso de pasionales besos-mordiscos por su mandíbula, cuello y garganta, hasta llegar al pecho, donde le dio uno particularmente fuerte, conociendo ya demasiado bien su cuerpo y esperando a que se abalanzase directamente a comer, no solo sus labios, sino todo el cuerpo de Ángel.

-Te amo, mi ángel –susurró contra su boca.
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MensajeTema: Re: Cerebro del Centro de Investigación Neuronal   Sáb Oct 18, 2008 7:06 pm

Lo devoró como si llevase miles de años ansiando ese beso. Mordisqueó su lengua, internándola en su boca, saboreándola y masajeándola con sus labios mientras cerraba los ojos, totalmente tomados por el goce y el deseo de todo aquello. Las manos de Ángel acariciaban su cuerpo en una sensación ya conocida, pero que se le hacía la más ardiente del mundo. Las manos. Las alas. Su ángel poseyéndole y deseando ser poseído con semejante pasión, con tanto amor, le perdían por completo. Hacía que dejase de pensar en nada que no fuese su propio instinto, impulsándole a desgarrar de placer a la persona que tenia entre sus brazos, y a desgarrarse a si mismo por ese mismo placer.

Clavó las pálidas garras en el muslo de Ángel sin llegar a atravesar la carne, pegándolo contra su cadera desnuda con posesividad. En su fría piel podía sentir el pulso de su ángel totalmente disparado por la excitación. El mismo aire que exhalaba con cada aliento calentaba su cuello, lo sentía como una bocanada de aire cálido que despertase a la bestia que Scary llevaba dentro. Luchando por ser liberada.

-Yo a ti también te amo. Mi ángel -repitió el gótico en un oscuro juramento, acentuado aún más por su profundo acento. Se pegó a él con todas sus fuerzas, abrazándole y, con cada beso que el asesino dejaba en su cuello, sintiendo como la llama que ardía en su interior se intensificaba más, y más. Incontenible. Levantó él mismo la otra pierna del rubio con su mano libre, haciendo que se sujetase en el aire simplemente por la enorme presión que Scary ejercía sobre su cuerpo contra la pared.

Se lanzó a sus labios mientras la mano subía por su brazo, mordiendo la carne de estos y rodeándola con los suyos propios-. te amo -murmuró con el labio inferior de Ángel aún capturado en su boca-. más que a nada en este maldito mundo -elevó el brazo sobre la cabeza de Ángel contra la fría pared. Allí ancló la mano metálica, raspando la superficie con las afiladas uñas de acero.

Le sonrió con cariño, mirándole a los ojos y mostrando dos grandes colmillos que, unidos a su gesto casi se le hacían cómicos y adorables. Como si estuviese poniendo sobre aviso a su compañero sobre algo tremendamente agradable y deseado que fuese a ocurrir en cualquier momento. Empezando a avanzar las caderas hacia su cuerpo, abrió la boca del rubio con los labios, repasando los duros y afilados colmillos con la lengua. Todo aquello le insuflaba vida, justificaba los años de sufrimiento. Veinte amargos años llenos de desastres que se iban de golpe en unos segundos de beso con la persona que más amaba en toda la existencia. De entre cientos de ensangrentados cadáveres apuñalados, mordisqueados y deshuesados, Ángel se había alzado entre ellos abrazando el lado bueno del psicópata Scary Manson, atrayéndole hacia si, y recibiendo a cambio todo el sentimiento de ese único "Lado Iluminado" del gótico-. Mi lado de luz ama al vampiro -susurró, adormeciéndose de pronto al mirar el reflejo verde en los ojos de Ángel-. y mi lado oscuro ama al ángel.

Con lentitud pero sin pausa, comenzó a penetrar en su cuerpo suavemente, pegando totalmente las caderas a las del otro y elevándose, como si se alzase sobre Ángel. Rugió. Rugió en ese momento con toda la fuerza de sus pulmones como una fiera desatada por el placer. Ante Ángel, la visión del gótico totalmente poseído por el éxtasis, con la boca abierta mostrando al vacío dos enormes filos de aspecto letal manchados con su propia sangre, conseguida en un beso anterior, debía de ser tan aterradora como enloquecedora.

Bajó el rostro semioculto por grandes agujas de pelo negro, terminando su aullido de placer en un pequeño hilo de voz ronca y tenebre. Con la mirada granate encendida, en pleno estallido de deseo, clavada y atravesando la de Ángel, comenzó a moverse contra él con movimientos posesivos y pasionales, fieros. Se movía con lentitud, esbozando una casi invisible sonrisa malvada, nublada por el placer. Y con cada pausado pero fuerte movimiento, todo Ángel se sacudía en la pared a causa de la embestida.

Respirando y emitiendo ligeros hilos de voz convertidos en claros gemidos, arrastró la mano humana por la cintura de Ángel hasta subirla y sujetarle suavemente por la nuca, haciendo que ambos quedasen cara a cara. Frente, nariz y labios unidos el uno contra el otro pero sin besarse todavía. Si abrasando su boca con un aliento tórrido y húmedo, incitante al otro.

-Abrázame. Hemos estado demasiado tiempo separados -pidió, aunque ya sentía desde hace rato, descontrolado, las manos de Ángel recorrer su espalda-. ahora ya no somos dos personas separadas. Ahora somos uno... -concluyó sin parar de embestirle con calma, arqueándo su espalda sobre el cuerpo del rubio.

En una oleada particularmente aguda de placer, Scary sacudió la mano metálica que acuchillaba la roca negra de la pared. La fue arrastrando mientras emitía un fiero grito de goce, que se mezcló con un ensordecedor chirrido mecánico. En arco, sobre la cabeza del otro, al parar el gótico su mano de metal a la altura de su hombro, se podían apreciar cinco grandes cuchilladas que atravesaban la piedra, asemejando una especie de arcoíris negro y gris sobre el rubio. Sin saber por qué, esa imagen no le gustó nada. No se le hacía propia. Ángel ya no era de esa clase de mundo celeste lleno de blancas nubes, soles brillantes y alegres arcoíris. Ahora su mundo se centraba en espesos mantos negros con alguna que otra estrella, todas al gobierno de una luna helada.

Embistiendo con algo más de fuerza y sin parar de suspirar, volvió a clavar las uñas en la piedra, acuchillando la imagen que tan poco le había gustado.

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MensajeTema: Re: Cerebro del Centro de Investigación Neuronal   Jue Oct 23, 2008 6:54 pm

Subió hasta llegar a sus labios, donde frenó, alternando la mirada de su boca a sus ojos, con la respiración visiblemente agitada por la excitación y sintiéndose palpitar entre los brazos de su ángel.

Dejó que subiese la pierna, enroscándola (al igual que la otra) en torno a su cintura con todas las fuerzas que poseía y atrayéndolo más hacia su cuerpo, con un ansia incontenible de volver a ser devorado, y de devorar él, por la persona a la que amaba, suspirando y jadeando a cada roce de su piel.

Le devolvió el beso con la misma intensidad, hundiendo una de sus manos en su pelo y enredando los dedos en él, masajeándolo y casi poniendo los ojos en blanco por el simple placer de los dos cuerpos en contacto. –Y yo a ti Scary –susurró de un modo casi siniestro, arrastrando cada sílaba con la jadeante voz.

Suspirando y abrazado completamente al gótico, se quedó mirándolo unos segundos, apreciando la belleza del hombre del cual se había enamorado. No conseguía entender como era posible que durante el tiempo que había estado sin él no hubiese muerto directamente, y el lugar de ello, había conseguido la energía suficiente como para colarse en el centro y encontrarlo. Aunque sabía que si volvían a separarlos, sí que pasaría algo más.

Pero volvían a estar juntos, y el motivo de su separación iba a salir del lugar pies por delante, así que no había de qué preocuparse, y no se merecía ni un triste recuerdo como aquel, y menos aún en aquella escena en la que dos ángeles se devoraban víctimas de la pasión que uno despertaba en el otro.

No pudo evitar sonreír al escucharlo, con el rostro prácticamente pegado al suyo y perlado de sudor. –Y yo te amo a ti –respondió, Ángel amaba también tanto su lado vampírico y lúgubre, como su lado de ángel, simplemente amaba a Scary Manson, romántico y siniestro, amante y asesino.

Se mordió el labio con más suavidad de la que esperaba, con los ojos cerrados y suspirando, sintiendo como Scary se adentraba y rugía frente a él, excitándose más con los sonidos de puro éxtasis que lanzaba.

Ante él tenía una nueva imagen que volvería a quedársele grabada durante bastante tiempo, nuevamente la mar de provocadora y tentadora: su ángel gritando, rugiendo como un fiero animal por puro placer, enseñando los peligrosos colmillos de los que era poseedor, mientras embestía con la excitación del momento bien patente en su rostro, haciendo que su amante se volviese loco del deseo. Escondió el rostro en su cuello, lamiéndolo con lascivia y paseando los afilados colmillos por su piel, haciendo uso de una gran fuerza de voluntad para no hundirlos en él y devorarlo con todo el ansia que retenía en esos momentos.

No pudo hacer otra cosa más que echar la cabeza hacia atrás, apoyándola en la pared, siendo ahora Ángel el que gritaba de placer por las embestidas de Scary, que no hacía más que sonreír con maldad al ver su rostro tomado por el goce.

Sintió como la mano se hundía en su pelo y la sujetaba por la nuca, haciendo que volviese a mirar a Scary a los ojos, quedando ambos rostros pegados, pero sin besarse, simplemente observando al otro. Comenzó a moverse mientras, jadeándole directamente a los labios, sin perderse ni un detalle del rostro de su ángel.

Obedeció su petición, cerrando sus brazos en torno a su cuello y pegándolo a él con todas sus fuerzas, bajando una hasta la espalda, repasando la forma de ésta. –Ahora y siempre –susurró sin separarse, manteniendo la intensidad del abrazo.

Escuchó el chirriar de las garras de plata contra la pared, cerrando los ojos y gimiendo, excitándose con ese sonido, como todas las anteriores veces en las que escuchaba u observaba como Scary destrozaba lo que les rodeaba en incontrolables oleadas de placer y pasión.

Suspirando y examinando el rostro de su ángel, deshizo el abrazo, desenroscando una de las piernas y dejándola en el suelo para, acto seguido, bajar la otra, quedándose en pie. Se separó de él unos centímetros y lo agarró del cuello, obligándole a bajar la cabeza y capturando así sus labios con la misma ansia carnívora de antes, comenzando a bajar y arrastrando junto a su cuerpo el de Scary hasta llegar a sentarse ambos, sin dejar de devorar su boca ni de probar sus colmillos.

Una vez estuvo sentado el gótico, Ángel le dio la espalda, sentándose sobre él y auto penetrándose, pegando el torso de Scary a él mientras dejaba escapar un gemido de placer, cogiendo los brazos del otro y rodeándose él mismo con ellos, dejando sus manos acariciando su pecho.

Volvió a separarse un poco, dejando a la vista su plateada espalda, mostrándosela a Scary –Dios es sabio, solo me ha otorgado una ala –susurró con la voz jadeante, sin dejar de moverse ni un segundo -¿Sabes por qué? –Preguntó girando un poco el rostro, mirándolo de reojo con una pequeña sonrisa –Porque la otra eres tú.
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MensajeTema: Re: Cerebro del Centro de Investigación Neuronal   Jue Oct 23, 2008 8:05 pm

Permitió que Ángel le descendiese hacia el suelo, como si se lo estuviese llevando al infierno, en donde debería pagar por sus pecados. Era en esos momentos como una fiera siguiendo la música, totalmente entregado a quien la producía. Las manos de su ángel hacían que perdiese la noción de la existencia. No había existencia sin él, solo el sentir su cuerpo contra si mismo en aquel tórrido roce era vida, nada más que eso, eso y esos estrechos abrazos con manos y piernas con los que ambos se empeñaban en fusionarse, rabiosos de más placer entre ellos, en hacerse un solo ser vivo. Un tesoro que mantenían con todas sus energías pegado al cuerpo, por que solo ese tacto les hacía ver el Cielo por el placer. Como si durante años hubiesen partido por la mitad a un solo ente, y estas dos mitades se hubiesen estado buscando toda la eternidad que habían sufrido separados. Finalmente encontradas, ya no permitirían que ser separadas de nuevo.

En el espejo en la espalda del rubio Scary vio reflejado lo que era. Un vampiro hermoso, con un perfecto cuerpo de mármol y acero, con un interior antaño helado, y ahora derretido, ardiente y feroz como un volcán. Una sensación de pasión que solo sentía cuando posaba la vista en Ángel, cuando acariciaba su piel con los dedos, o simplemente cuando escuchaba su voz flotar en el aire. Se había adaptado a la vida con Ángel, y lo contrario ya no era vida, sino simple dolor.

Una pequeña sonrisa felina asomó por los labios del gótico al escuchar a Ángel hablar acerca de la sabiduría de su Dios. No quiso aclarar que ahora mismo su Dios era Ángel, y nadie más. Nadie despertaba tanta devoción en él, ni tanto amor, ni tanta fidelidad. Acaricio todo el pecho del rubio suavemente, derrochando sensualidad en cada gesto, acompañando los masajes con dulces ronroneos animales a su oído. Comportándose como una tenebrosa fiera. Un nuevo gruñido de placer estalló en los labios del asesino al sentir el cuerpo de Ángel sentarse sobre su sexo, encerrándolo en su interior y aprisionándolo. Las manos cobraron más fuerza en el mismo momento en el que el vampiro comenzó a moverse en decididas embestidas ávidas de más sensación, recorriendo toda la anatomía de su ángel con fogosos roces.

- Se dice en algún lugar que ni recuerdo ni me importa, que los enamorados somos almas partidas por la mitad -susurró melancólico, bajando una mano al vientre de Angel mientras la otra quedaba en su pecho, delineando y disfrutando de la forma de todo su cuerpo-. que son enviadas a la tierra, en puntos distintos, y se les impone la misión de encontrarse a si mismas. Y que cuando estos dos pedazos se encuentren de nuevo, se unirán para siempre, siendo más felices de lo que lo hayan sido nunca por separado. Haciéndose... inseparables -tiró un poco de la piel de su hombro en un cariñoso mordisco-. por lo tanto... misión cumplida...-alabó Scary, percibiendo como el apetito por su ángel iba aumentando cada vez más.

Con fuerza sobrehumana en los brazos, Scary tomó a Ángel de la cintura y le giró hacia si, quedando frente a frente. Intercambio con él una vehemente mirada enmarcada por una fría gota de sudor que cruzaba su sien, sentía el corazón palpitando casi en su cuello por la euforia. Sin parar de arremeter en su interior, abrió un poco su boca, vocalizando claramente las palabras "Te Amo" sin llegar a emitir más que algún ligero gemido de placer. Sobraba la voz, le gustaba hablar sin emitir sonido, le gustaba que Ángel viese a ese vampiro oscuro, salido del más profundo abismo, entregarse a él con el corazón en las manos, ofreciéndoselo. Era suyo, de su ángel, para que le envolviese apaciblemente en sus alas, o para que las hiciese arder de deseo.

Llevó una de las manos a su nuca, tomándola con delicadeza e inclinándosela hacia atrás, ubicando al vista del rubio en el techo. En movimiento contra el cuerpo de Ángel, con los ojos entrecerrados y casi llorosos de goce, abrió ante su propia boca la palma de la extremidad metálica, y le lanzó su aliento. Un aliento abrasivo, ronco y húmedo, como la bocanada de viento que recorrería una cueva abandonada, solo que conquistado por el calor de un cuerpo vivo, poseído por la pasión.

Colocó esa mano sobre el pecho de Ángel, abrigándolo en toda su amplitud, mientras que agachaba su cabeza hasta hundir la mandíbula en el cuello del otro, mordiéndolo, extrayendo la lengua y dibujando húmedas líneas por toda su garganta, o simplemente dejando pequeños besos para mantenerle en el estado en el que le tenía. Recogió su espalda con los brazos, atrayéndole contra su pecho, palpitante por su agitada respiración, mientras las manos se arqueaban sobre sus hombros, posesivas y deseosas de más, e impulsándole hacia abajo. Al hacerlo, el gótico rugió con fiereza desmedida, como si miles de demonios estuviesen retorciéndose de un placer prohibido en el Infierno.

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MensajeTema: Re: Cerebro del Centro de Investigación Neuronal   Dom Nov 02, 2008 2:52 pm

Cada caricia que le regalaba Scary se convertía en un suspiro que se le escapaba al rubio, deseoso de más, de sentir más el cuerpo del gótico junto al suyo, de sentir más pasión, de sentir más de todo aquello que había superado los límites, y de todo aquello que, cuando creía que no podía sentir más, se sorprendía él mismo.

Como todas esas veces que había creído que no podía amarlo con más fuerza, y se sorprendía al saber que sí que podía, tanto como no había amado a nadie, y tanto que jamás se imaginó poder querer con esa fuerza a una sola persona. Cierto era que aquella no era una persona normal y corriente, que Scary jugaba ahora un papel demasiado importante en su vida, era su ángel, el dueño de todo lo que el rubio era.

Cerró los ojos al sentir la mano del otro descender hasta su vientre mientras escuchaba la voz de Scary (ronca, pero a la vez pasional y sensual, como si a pesar de lo áspero de su voz fuese la mejor caricia que el gótico pudiese hacerle a Ángel) diciéndole qué eran los enamorados. –Nos separaron una vez y no volverán a hacerlo –susurró, con miedo a interrumpirlo y dejar de escuchar la voz de su ángel.

Casi sin darse cuenta del movimiento, se halló frente a Scary, devolviéndole una mirada que compartieron embobados el uno con el otro, ambos posiblemente cavilando sobre lo mucho que significaba para él el otro. Sin dejar de moverse y bebiendo de aquel “Te amo” sin pronunciar, llevó la mano hasta su pelo, hundiéndola y enredando sus dedos en él, jugueteando con los mechones y masajeándolos mientras que con la otra mano se aferraba con fuerza a su espalda.

Aquel movimiento de Scary le hizo echar hacia atrás la cabeza, enfocando la vista en aquellos preciosos focos fluorescentes que taaaaaaan románticos eran. Indudablemente llenaban la escena de magia.

Sonrió al sentir con un suave jadeo la mano ardiendo que le colocó en le pecho, haciéndole suspirar. Quizá aquel condenado de Saddler no había hecho nada tan malo, le había otorgado a Ángel una ala, y a Scary un precioso guante de plata que ahora mismo usaba como instrumento para darle placer, mira, quizá le hubiese dado las gracias y todo, de no ser porque ahora se encontraba pudriéndose en el suelo de su despacho.

Gimió, considerablemente más fuerte, al sentir los dientes y lengua de su ángel, comiéndose, literalmente, su cuello. No aguantaba más: aquellos besos que le daba con la intención de provocarlo, de que actuase tomado por el placer, las caricias, el tórrido aliento, los rugidos de placer que lanzaba al aire y, además, las putas luces que le estaban cegando, hicieron que Ángel terminase por responder como Scary quería que lo hiciese. Y si no era su intención que reaccionase de ese modo, seguro que tampoco se iba a quejar.

Se deshizo de la mano que tenía en su pelo, volviendo a fijar la vista en los ojos granate de su ángel –Se acabó –le avisó, con el rostro totalmente serio.

Tomó las dos manos de Scary, separándolas y abriéndole los brazos en cruz, empujándole hasta anclarlo en el suelo, clavando las muñecas del gótico en las frías losas, inmovilizándolo, y para eso hizo acopio de toda su sobrehumana fuerza.

Sabía que si quería podía deshacerse con bastante facilidad de él, pero no querría hacerlo, y de eso ya se encargó Ángel, comenzando a morderle el cuello y la mandíbula, sin dejar de moverse, gimiéndole prácticamente al oído.

Un fuerte sonido les interrumpió, algo o alguien estaba aporreando la puerta de metal para entrar.

-¡Eh! –Se escuchó una voz masculina, mientras seguían aporreando la puerta -¡Eh! ¿Hay alguien? ¡Sal de ahí!

Sin levantar la cabeza del cuerpo de Scary, y aún entretenido en morderlo y no dejar que se moviese, sonrió con malicia, comenzando a morderle con más fuerza –Grita –gimió, excitándose con la idea de que oyesen los rugidos animales que lanzase presa del placer.

-¡Que salgas ostia! –Gritó el hombre de fuera, golpeando ya tan fuerte que parecía que quisiese echar la puerta abajo -¡Gasser! ¡Ayúdame coño! – Comenzaron a golpear más fuerte, dando la impresión de que en poco segundos se vendría la puerta abajo.

-Dios… -susurró dándole de lleno con el abrasivo aliento –Chilla –pidió, moviéndose con maldad, bajando y dando fuertes dentelladas -¡Grita! ¡Que te oigan! –rugió él mismo, llegando al pecho y clavando sus colmillos sin darse cuenta de la intensidad del mordisco, haciendo que dos finos hilos de sangre resbalasen por su torso.
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MensajeTema: Re: Cerebro del Centro de Investigación Neuronal   Dom Nov 02, 2008 6:06 pm


Scary degustó la simple visión de su ángel ardiendo al placer más oscuro ante sus ojos, el más agresivo y el más pasional que él mismo pudiese darle. Ahora mismo, claro estaba, la elegía del ángel quedaba sacrílega a más no poder, ahora mismo eran vampiros, seres de la noche que se habían entregado el uno al otro, para poseerse, para hacerse rugir mutuamente de goce, para vivir físicamente un amor demasiado siniestro como para ser ellos, en ese momento, mensajeros de Dios.

Por su rostro deshecho por la excitación asomó una sonrisa al escuchar los gemidos de Ángel, casi sentía bajo su mano el corazón desbocado de este a punto de explotar dentro de su pecho. Ansioso, Scary lamió esa zona, atraído por los litros y litros de sangre que se removían torrencialmente dentro de ese precioso cuerpo que le volvía loco, y que hacía que alcanzase extremos de locura como aquel, en el que vivía para cada nueva acometida a su cuerpo, para cada nueva ola de satisfacción. Paseó la lengua por el pecho de su ángel, acariciando la piel con los colmillos, muerto ahora por dos hambres; la sexual que ansiaba saciarse a sí misma y saciar a Ángel de un placer y sentimiento que ambos deseaban, y el hambre de su sangre. De una sangre más dulce que ninguna, de una sangre que le enamoraba por su color, su sabor, por el calor que le otorgaba a una piel cuyo tacto le embriagaba. Por ser de Ángel.

Las caricias a su pelo hacía que se adormeciese un tanto entre tanto movimiento. Era su segundo punto débil, su pelo, nunca había dejado que nadie lo acariciase de la forma en la que lo hacía Ángel, ya que al hacerlo, salía a la luz un Scary Manson que lejos de ser una monstruosa fiera, parecía un gatito ronroneante y que buscaba cariño. Un estado de si mismo que solo quería que su ángel viese.

Echó un poco la cabeza atrás, pensativo y con una ceja curiosamente arqueada, al escuchar a Ángel sentenciar que algo se había acabado. ¿El qué? ¿El qué? ¿Qué se ha acabado mi ángel? ¿Tu paciencia?. Sonrió, esta vez en un gesto terroríficamente escualo cuando fue crucificado por el rubio contra el suelo, sintiendo con gemidos un poco más audibles, casi bocanadas de aire expulsadas de sus pulmones, el tórrido calor de Ángel aplastándole contra el suelo bajo el peso de su cuerpo. Los mordiscos del rubio empezaron a atenazar y a enrojecer su blanca piel, sensación a la que el gótico simplemente pudo responder a base de rugidos de fiera, roncos, profundos, recorriendo con las manos totalmente abiertas la espalda de Ángel, pegándole más contra su pecho, queriendo sentir el latido de ese cuerpo contra el del suyo propio, casi queriendo combinar ese mismo latido en uno solo. Fundirse en una verdadera única entidad viva, algo que nadie pudiese separar, algo que muriese si se rompía.

- Mi ángel... sigue... -pidió con voz fantasmagórica, casi sin aire. Pidió más, gimiendo en bajo el nombre de Ángel de vez en cuando al mismo tiempo que él embestía su cuerpo con pasionalidad, internándose en su interior todo lo profundamente que podía, llegando ya a un punto en el que parecía querer partirle por la mitad más que darle placer, pero siempre con el suficiente cuidado para que el otro perdiese la cabeza al mismo tiempo que él por el goce. Dándole placer a Ángel con su cuerpo ya era para si mismo un honor, algo que hacía que sus venas ebulliesen, algo que hacía su piel abrasar.

Un ruido. Un ruido en la puerta. Un ruido en la puerta y una voz. Scary casi botó del sitio llevándose a Ángel sobre su cintura, alzándose un poco y listo para matar sin ninguna piedad. Eso si que le había jodido pero bien, podían interrumpirle cuando estaba dibujando, escribiendo, tocando el piano, le daba igual. Pero que le interrumpiesen cuando él y su ángel estaban haciendo el amor era algo que sacaba lo peor que llevase dentro. Intentó levantarse en vano, pues Ángel, que parecía no importarle mucho ese pequeño detalle de que les viesen desnudos, y uno penetrando al otro (sería que los franceses estaban acostumbrados a ver esa clase de cosas), aumentó los mordiscos, descentrándole y haciéndole caer de nuevo espaldas al suelo, y le pidió... ¿Un grito?. Esbozó un gesto divertido con las pupilas casi perdidas tras sus parpados, aún intentando soportar el placer, al ver el grado que alcanzaba el morbo y la oscuridad en Ángel cuando estaba con él, cuando se dejaba llevar por el deseo junto a Scary.

Hizo caso omiso cuando el guardia, enfermero, el cabrón de turno para menos líos, pidió ayuda. La puerta estaba atrancada, y atrancada se iba a quedar. Al igual que ellos iban a morir, y muertos se iban a quedar también. No iba a perdonarles el siquiera haber distraído su atención un segundo de Ángel. Pero antes de su desaparición, Scary les regalaría el enoooooooorme privilegio de saber como es el grito de dos ángeles cuando se poseen mutuamente, víctimas de la pasión y del amor más extremo y tórrido.

- ¿Quieres oírme chillar? ¿Quieres que tu ángel empiece a desgarrar su garganta por el placer? -murmuró excitado, lanzándole una traviesa mirada granate a la puerta que se tambaleaba bajo los golpes de los guardias-. ¡HÁZME CHILLAR! -gritó de pronto con voz furiosa, aferrando con fuerza el pelo de Ángel por la nuca y pegándole contra su cara mientras le arremetía, casi dándose los dos un cabezazo. Y Ángel lo hizo, vaya que si, sintió un mordisco en su pecho. Uno más feroz y hambriento que ninguno que le hubiese dado Ángel, uno que hizo que el cuerpo de Scary fuese recorrido por un escalofrío casi eléctrico, que hizo que sintiese como si un negro león salvaje se revolviese bajo su piel, y en cualquier momento fuese a desgarrarla, a abrir sus costillas y a saltar para devorar al rubio sin piedad. Su excitación, sin más, estalló.

El león no salió de su cuerpo, pero si que rugió en lo más profundo de su ser. Un simple grito, prolongado, suspirado y teñido con su oscura y grave voz llenó la estancia entre destellos producidos por los focos reflectando en sus plateados colmillos. Un grito que silenció las voces de los que estaban fuera de aquella habitación y que terminó por apagarse en una fugaz respiración. Soltó un quejido de esfuerzo, sujetando a Ángel por los hombros, invirtiendo posiciones y, entre sus brazos, estampándole contra el suelo. El frío de las baldosas cubrió sus antebrazos, protegiendo la piel de la espalda de Ángel. Ni el más mínimo dolor, ni la más mínima molestia afectaría a su ángel nunca más, ni aunque estuviese en ese momento experimentando el placer más grande que pudiese albergar en su cuerpo.

Se internó entre sus piernas sin salir de él lo más mínimo, al contrario, penetrándole con más fiereza mientras clavaba en sus ojos una mirada llena de amor. Juntó sus labios con los de Ángel, húmedos y brillantes por el esfuerzo pero sin llegar a besarle. Solo respiraba directamente a la garganta del rubio, pasando su mirada de un ojo verde a otro, señalizándole con su adormilada expresión que le amaba más que a nada, que le deseaba, que le necesitaba, y que siempre sería así mientras en su cuerpo quedase un resquicio de alma con la que sentir. Empezó a embestirle esta vez con lentitud, moviendo tan solo su cintura entre las piernas del rubio, con las sensación de su cuerpo totalmente en contacto con el de su ángel haciéndole suspirar.

Elevó los brazos hasta tomar su cara con ambas manos, sin para de moverse, y la sujetó con fuerza contra sus labios-. ¿Te gusta sentir a tu ángel sobre ti? Poseyéndote... Haciéndote sentir un placer que solo yo puedo darte... -susurró poético, acariciando con cada sílaba los labios de Ángel contra los suyos y aumentando la ambición de las acometidas-. ¿Te gusta que te demuestre cuanto te amo? -se impulsó algo más fuerte, arrancándole a su voz otro furioso grito de placer.

Esta vez el grito no voló por la estancia, sino que directamente Scary lo lanzó a los labios del rubio. Qué lo sintiese, que se enterase bien de que tan solo él era capaz de hacer que el gótico sintiese ese goce en su cuerpo-. No respondas -pidió, pegando por completo los labios con Ángel, tendiendo su torso sobre el del otro, recibiendo una pequeña tregua a la tensión de todos sus músculos-. está de más -incapaz de aguantar más ni un solo segundo, continuó embistiendo al mismo tiempo que le daba otro nuevo beso. Probó una vez más esos colmillos, bañándolos con su propia lengua, lanzando lascivos lametones a su boca y garganta, y enredándola en la lengua del otro. Todo era placer en ese momento para Scary, tenía en sus brazos a Ángel, estaba compartiendo con él su cuerpo, su sentimiento, y una experiencia que no sería capaz de borrar de su cabeza en la vida.

-Matémosles de envidia, mi ángel... solo nosotros podemos probar nuestros cuerpos. Que se pudran escuchándonos mientras lo hacemos...

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MensajeTema: Re: Cerebro del Centro de Investigación Neuronal   Dom Nov 30, 2008 2:48 pm

Escuchó aquel grito que él mismo había pedido, provocado y con el que estaba sintiendo su excitación crecer a cada segundo más que duraba aquel atronador rugido mientras lamía con lascivia su pecho, limpiando la sangre que resbalaba por las marcas que sus colmillos habían dejado.

Siguió lamiendo, besando y mordiendo todo el torso del otro, llenándose la boca con el líquido, bebiéndoselo como si de la más exquisita bebida se tratase, que para Ángel así era. Separó su rostro del pecho de Scary, mirándole la expresión de la cara, una expresión que marcaba todo el placer que estaba sintiendo, que el cuerpo del rubio le proporcionaba, una expresión que hacía que él se volviese aún más loco de goce, volviendo a hundir su rostro en el pecho del gótico, de nuevo besándolo y queriendo abarcar todo su cuerpo con los labios.

Invirtió las posiciones, hallándose ahora Ángel debajo de su cuerpo, aplastándolo contra, el suelo no, sino contra los propios brazos de Scary. Gimió al sentir las penetraciones aún más fieras, internándose el otro todo lo que podía entre las piernas del rubio, intentando ahogar gemidos este último mordiéndose el labio con fuerza, sin llegar a conseguirlo y aún así siendo bastante audibles.

Sentía los labios del gótico acariciando los suyos propios, sin llegar a besarlo, simplemente dejándolos frente a él, suspirándole directamente a la boca, mirándolo a los ojos, hechizados ambos con la mirada de su ángel, siendo ahora los movimientos de Scary mucho más lentos, pero no menos pasionales.

Sintió las manos del gótico apresarle el rostro, alzándoselo y dejándolo frente a él, sujetándolo con fuerza. Con cada sílaba pronunciada acariciaba los labios del rubio, suspirándole este directamente a la boca, casi gritando con la mirada cuantísimo lo amaba, respirando más fuerte al escuchar el nuevo grito de placer de su amante.

Escuchaba hipnotizado las palabras de Scary, hasta volver a sentir sus labios contra los suyos, nuevamente sellándose en otro beso tomado por el placer y el amor más extremo, besándose con pasionalidad y casi devorando el uno la boca del otro, con un hambre que pocas veces en su vida había experimentado Ángel. Pocas veces antes de enamorarse de Scary.

-¿Que escuchen qué? –Preguntó con los labios aún peligrosamente cerca de los del otro -¿Cómo arden de placer dos ángeles? ¿Cómo se demuestran dos seres celestiales cuanto se aman? –Inquirió de nuevo en un susurro, acercándose aún más a él, sonriéndole con malicia mientras el gótico continuaba embistiéndolo.

Cogió las manos de Scary, colocándolas en su propio pecho, posicionando Ángel las suyas una en su espalda y la otra hundiéndola entre su pelo, pegándose al helado suelo y retorciéndose un segundo por el frío.

-Desgárrame el alma, ahora somos leones –le susurró directamente a los labios en forma de gemido, mirándolo a los ojos, con media sonrisa, esperando a que la fiera se lanzase a por su comida.
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MensajeTema: Re: Cerebro del Centro de Investigación Neuronal   Lun Dic 01, 2008 3:54 am

e////////////////////e había posteado un cacho post de cuatro paginas de word que es que me había quedado de puta madre, que me molaba la hostia Y AL PUTO CORRAL DE MUERRRRRRRRRTOS NO LE HA SALIDO DE LOS HUEVOS DEJARME POSTEARLO, asi que a ver si puedo mandartelo por MP, y si no, te paso el word e///e, el muy marica me decia que el mensaje era "demasiado largo", en fin, como no me sale del alma acortarlo, pues eso, MP ewe

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MensajeTema: Re: Cerebro del Centro de Investigación Neuronal   Dom Ene 18, 2009 7:37 pm

Y, obediente su amante, le concedió un león. Rugió por puro placer que Ángel le hacía sentir, mordiéndose el rubio el labio, extasiado hasta por los gemidos que el otro lanzaba, volviéndose completamente loco, escuchando como poco a poco Scary iba perdiendo cada vez más la cabeza. Clavó su mirada en los ojos de su ángel, los cuales quedaban parcialmente tapados por la oscura melena revuelta, dándole verdadera semejanza con un león, un pasional animal salvaje llevado por el goce y el placer. Negó con la cabeza, sonriente –Leones devorándose –le corrigió. Ellos en esos momentos no eran leones en el cielo, y muchísimo menos ángeles.
En esos momentos Scary y Ángel no eran otra cosa más que auténticos leones hambrientos, dos fieras ávidas del sabor del cuerpo del otro, dos animales cuya única necesidad, la de estar juntos, sobrepasaba cualquier límite de la realidad, necesitando decirse a cada segundo que pasaba como de grande era el sentimiento y el hambre, o pasión, que uno despertaba en el otro. Eran auténticos leones.

-Tienes razón –le concedió, llevando las manos hasta su nuca, enredando distraído los dedos en su pelo, mientras que con la otra se aferraba con fuerza a su hombro –No quiero que un león me haga el amor. Quiero que MI león me haga el amor –aclaró con media sonrisa, escalando hasta llegar a sus labios, sin tiempo para conseguirlo, puesto que Scary, siendo víctima de la furia y hambre de un auténtico Rey de la Selva, se alzó, poderoso como solo el portador de dicho título podría hacerlo, y llevó (estampó) a Ángel hasta una mesa, tirando todos los papeles que descansaban sobre la superficie. La estancia se llenó del chirriante eco que se formó al golpear la férrea espalda del rubio contra la madera, sonido que acompañó junto a un gemido de sorpresa, mirando sorprendido a Scary. Aunque la sorpresa le duró más bien poco, ya que segundos después se encontraba de nuevo siendo presa de todo el placer que sólo él podía hacerle sentir.

Incrementó la fuerza con la que cerraba las piernas entorno a la cintura de Scary. Ladeó la cabeza, dejando más espacio libre por donde poder besar y morder, gimiendo cada vez de un modo más audible, gemidos que casi eran rugidos de puro león por el placer que sentía. Dirigió la vista hacia el rostro de Scary, el cual estaba aún escondido entre su pecho, por lo que tan solo alcanzaba a ver su nuca –Te amo –le susurró de un modo casi inaudible por los ruidos de los roces, los gemidos y el sonido de la mesa contra la placa de acero de su espalda.

Sintió las manos de Scary subir desde su cintura a su espalda, muy a pesar de que ya no sintiese el tacto de su ángel de igual manera en esa zona. Aprovechó que el propio moreno escondiese su rostro entre su cuello para morder y besar a gusto, lamiendo su piel casi con los ojos en blanco, saboreando ese cuerpo del que tan perdidamente se había enamorado. Más adrede que otra cosa, y sabiendo que tampoco es que Scary se fuese a quejar, arañó su piel con el filo de uno de sus colmillos, haciendo así que un fino hilo de sangre brotase de su blanco cuello, lamiendo y saboreando su sangre, curando una herida que él acababa de provocar.
Aún no sabía como era posible que se hubiese enamorado de esa manera, de un modo tan instintivo y casi animal como el que acababa de experimentar. No podía aguantar sin volver a probar su cuerpo, su sangre o alguno de sus besos, sentía la necesidad de hacerle saber a cada minuto que pasaba cuantísimo lo amaba, de decírselo o de hacérselo sentir llevándolo a la más extrema locura, haciéndolo presa del placer, resarciéndolo de todo por lo que lo había hecho pasar, y casi jurándole amor eterno con cada mirada. Y prometiéndole que jamás volverían a sufrir una separación.

Volvió a fijar su mirada en la draconiana de Scary, embobado con su simple gesto, sintiendo los colmillos de su león acariciándole los labios, escuchando aquel nuevo “te amo”, sin pensar en nada, sin tener otra cosa en la cabeza que no fuese esa misma frase escrita a fuego en su mente. Como un pequeño paréntesis tras la furia de los leones, le devolvió el beso, internándose una vez más en su boca, perfilando aquellos peligrosos colmillos que le había arrebatado su mortalidad, jurando estar por siempre junto a él, beso, aún así, más propio de fieras que de seres celestiales. Se detuvo, sin separar su rostro del de Scary, deteniendo el beso pero aún con los labios unidos. –Yo a ti también te amo, Scary –le devolvió, con las frentes y los labios unidos, alternando la mirada de sus ojos a su boca, con una pequeña sonrisa asomándole, dándose cuenta de que era la primera vez que le decía que le amaba llamándole después por su nombre, y no diciéndole “mi ángel”. Volvió a besarlo, justo cuando Scary pareció volverse directamente loco, embestiendo con furia, ahogando un fuerte gemido contra su boca, poniendo los ojos en blanco y abrazándose cada vez con más fuerza al cuerpo de su ángel. O su león.

Sintió el fuerte abrazo de Scary, devolviéndoselo todo lo intensamente que podía, sin poder llegar a desclavar su mirada de la del otro, perdiéndose en sus ojos, casi escuchando como le dedicaba miles de “te amos” con aquella forma de mirarlo, tragando saliva con fuerza, respirando con total dificultad y casi con miedo de poner los ojos en blanco o gemir para no dejar de mirarlo, aunque no cesaban los sonidos de puro placer.
Hasta que, tras varias embestidas especialmente intensas, su ángel terminó por reventar de placer en su interior, profiriendo un feroz rugido, digno del más poderoso de los leones, que llenó la estancia, clavando con furia los dedos en la espalda de Ángel, haciendo sangrar las pocas zonas que no estaban cubiertas del ala de acero. Finalmente, sintió todo el peso del cuerpo de Scary caer sobre el propio, agotado, acompasando su respiración a la de su pareja y uniéndose a él en un fuerte abrazo, protector, escondiendo su rostro en su cuello mientras esperaba a que se calmase. –Yo a ti también de amo, mi ángel –dijo con los ojos casi cerrados, acariciando distraído el pelo de Scary.
Le devolvió la mirada, cargada de cariño y el amor más feroz e intenso que jamás pudo imaginar que sentiría, cautivado por la belleza y el sentir de unos ojos que se le hacían los más hermosos del mundo, simplemente por pertenecer a su ángel.

Fue sintiendo como Scary se incorporaba por el calor que echaba en falta y que había dejado de sentir al separarse de su cuerpo, sintiendo la oleada de frío invadirle donde antes tenía el calor de la piel del otro, ya echando en falta ese tacto. Suspiró, con los ojos cerrados, al sentir los labios acariciando todo su pecho, adormeciéndose, de nuevo acunado por el cálido sentir de su ángel. Pero el otro volvió a separarse, dirigiéndose ahora hasta la puerta, por la cual aún se oía a los dos imbéciles de turno, los cuales al parecer todavía no se habían dado cuenta de que no se trataba de ladrones. Ángel creía que lo hacían más por puro morbo de escuchar como se devoraban, pensó con el gesto torcido, sin desclavar la mirada de la figura desnuda de Scary, molesto porque este último prestase ahora más atención a una placa de metal sujeta por dos impertinentes, que a su amante, su ángel, su león, desnudo y deseoso de su cuerpo.
Esa noche dormía en el sofá.

Observó con el ceño ligeramente fruncido el extraño ritual que estaba llevando a cabo, acariciando primero la puerta (como si fuese su amante, en lugar del rubio. Increíble, se estaba volviendo un celoso y además de cosas inanimadas) y más tarde alzando el puño, adivinando que sucedería después y sin alterarse al escuchar el quejumbroso sonido de la puerta rasgarse, pues ya lo avecinaba. Y volvió a torcer el gesto al imaginar como la cabeza del hombre reventaba contra la puerta de acero, ya que ese sonido y esos movimientos poco podría significar aparte de lo que ya imaginaba Ángel.
Ladeó la cabeza al escuchar la infantil risa de Scary, y alzó una ceja, casi divertido, mientras observaba su sonrisa. Jamás hubiera imaginado que vería tales atrocidades, y mucho menos que las vería como si fuesen el pan de cada día, sin prestarle casi atención y fijándose más en la sonrisa de su amante mientras quebraba vértebras, que en los crímenes que se estuviesen cometiendo.
Y antes de que se quisiera dar cuenta, se encontraba mirando como si tal cosa como rodaba la cabeza del segundo hombre que había intentado interrumpirlos mientras que en su mente no cabía más pensamiento que no fuese lo mucho que amaba a su ángel.

Sonrió al observar como Scary (con unos provocativos y sensuales andares que de nuevo hicieron crecer la pasión de Ángel, con aquel chico no tendría un momento tranquilo) se acercaba hasta él, dejando la ropa a un lado y volviendo a juntar su cuerpo, invadiéndolo de nuevo ese calor que tan en falta había echado al marcharse. Sonrió al escuchar aquello de que quería descansar junto a él, rencoroso aún por las caricias que le había dedicado a la puerta (aquello ya era absurdo y bastante ridículopatéticoestúpido) y la venganza que iba a tomarse, que sería nada más y nada menos que la de mandarle a dormir al sofá, como buen matrimonio después de veinte años casados. Abrió la boca, dispuesto a hablar, pero la cerró al cabo de unos segundos. Lo abrazó más fuerte, pegándolo con fuerza a su cuerpo –Te necesito –declaró finalmente.
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Cerebro del Centro de Investigación Neuronal
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